«1984», la historia orwelliana se repite

El libro de Orwell se encuentra el top de los más vendidos, en plena era de la posverdad

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En un texto que en el 2003 Thomas Pynchon dedicó a 1984 relativizaba el valor de las predicciones específicas de Orwell: «Lo que tal vez sea más importante y, de hecho, necesario para un verdadero profeta es poder penetrar con más profundidad que la mayoría de nosotros en el alma humana. En 1948 Orwell comprendió que, a pesar de la derrota del Eje, la deriva hacia el fascismo no había desaparecido y que, probablemente, aún no hubiese adoptado su verdadera forma: la corrupción del espíritu y la irresistible adicción humana al poder hacía mucho que eran aspectos bien conocidos del Tercer Reich, la Rusia estalinista e incluso el partido laborista británico, como si fuesen el borrador de un terrible futuro. ¿Qué podría impedir que lo mismo sucediera en Gran Bretaña y EE.UU.?». «Digamos que el libro tiene muy poco de profético. Al menos las tres cuartas partes de lo que explica no es utopía pesimista, es historia», había incidido tiempo atrás Umberto Eco.

Sea por la razón que fuere, cuando hubo que protestar contra los desmanes de Trump y tomar una posición a favor de lo valores americanos más básicos -«la libertad de expresión, el respeto a los seres humanos y la simple verdad de que no existe algo como los hechos alternativos»-, varios centenares de salas independientes de 44 estados decidieron en abril del 2017 proyectar la adaptación cinematográfica de 1984 de Michael Radford.

En realidad, hacía meses que la novela se había vuelto a reeditar en EE.UU. y en enero había ocupado las listas de los libros más vendidos. El fenómeno se repitió en algunos países europeos, entre ellos España, donde la posverdad y los mandatarios de corte totalitario -Trump, Putin, Kim Jong-un y otras joyas de la política mundial- preocupan tanto que el Gran Hermano concebido por Orwell -no solo para augurar futuros abusos y crisis sino para hablar de su tiempo- ha vuelto a la actualidad. Hasta en Cuba, donde la novela estuvo prohibida y circulaba de forma clandestina, se publicó oficialmente la primera edición.

Hace solo unas semanas Carlos Martínez-Abarca estrenaba su versión teatral en la madrileña sala Galileo (el actor Tim Robbins produjo la suya en el 2009 y el director Lorin Maazel compuso su versión operística en el 2005). El tema es inagotable: mientras se tenía noticia del fallecimiento el pasado 25 de abril, a los 98 años, del realizador británico Michael Anderson, responsable de la primera versión cinematográfica de 1984, aún se espera que el director Paul Greengrass lleve adelante su anunciado proyecto de adaptación de la más clásica de las novelas distópicas (aunque El cero y el infinito de Koestler esté mejor escrita). El controvertido escritor Christopher Hitchens considera que 1984 es la contribución inglesa a la literatura sobre el totalitarismo del siglo XX y la única vez en que los esfuerzos como novelista de Orwell alcanzan la altura de sus ensayos. La novela, dice, es una suma de lo que el autor «aprendió sobre el terror y el conformismo en España, sobre el servilismo y el sadismo en la escuela y en la policía birmana, sobre la miseria y la degradación en El camino de Wigan Pier, sobre la propaganda y la falsedad durante décadas de batallas polémicas». Lo cuenta Hitchens en su libro Por qué es importante Orwell, que publica el editor gallego Roberto Ramos Fontecoba.

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