«Tarantino me aburre y sus contradicciones me irritan»

Su última película, «Zama», opta al Goya al mejor filme iberoamericano. Un trabajo de autor que busca alejarse de los clichés que asocian este tipo de cine con el bostezo

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EFE

Charlamos con Lucrecia Martel (Argentina, 1966) con motivo del estreno de su último largometraje, Zama, nominado al Goya como Mejor Película Iberoamericana.

-¿Por qué cine y no otra cosa?

-Mirá, creo que por casualidades de la vida, el entorno te afirma en un camino. Me gusta escribir, pero no tengo la disciplina ni la compulsión de la escritura. En cambio, me encanta buscar lugares, hablar con la gente… También el reconocimiento, que alguien piense que lo que hacés está bien, te envalentona para seguir, y al final creo que hago cine por los demás, no por mí.

-¿Qué es lo propiamente cinematográfico?

-El cine es una experiencia de inmersión que nos revela algo de nuestro estar en el mundo. Lo propiamente cinematográfico es la falla, la grieta. Ese milisegundo en el que las cosas nos parecen totalmente arbitrarias y carentes de sentido.

-En ocasiones has criticado a las escuelas.

-Hay mucho de negocio en torno a las escuelas de cine, flor de negocio. El título que ofrecen es falso, porque ser director de cine no te lo pueden enseñar en una escuela. Yo pienso que habría que hacerlos estudiar Literatura, Filosofía, Ingeniería, Medicina, no sé qué, y cuando entren en crisis ofrecerles unos talleres y ahí saldrían los directores, pero lo que tenés que aprender para hacer cine lo aprendés en cuatro meses. Observar es algo que puede entrenarse con cualquier carrera. Tenemos que entrenarnos para deseducarnos de cómo percibimos. Un paso previo a cualquier narrativa es observar la realidad y que esa observación nos motive a compartirla con los demás.

-Hay un elemento de entretenimiento en tu cine que cuesta encontrar en cierto cine de autor, que en ocasiones parece jactarse de su aridez.

-Me alegro, a veces veo que no se percibe. Y cierto humor. Tengo un amigo que por suerte sí lo percibe y él me dice siempre: «Me río solo en la sala» [risas]. En Zama se nota más porque al ser una película de época formalmente era importante no ser solemne. Porque ya viste el plomo que son la mayoría, salvo La Armada Brancaleone o las de los Monty Python. O Tarantino, que por otro lado es un humor complaciente con lo correcto, porque están matando a los nazis. Yo pienso siempre en el entretenimiento y me importa muchísimo, lo que pasa es que la gente se entretiene de maneras distintas. Yo con Transformers me aburro, porque a la segunda escena ya lo sabés todo. De hecho hasta el propio Tarantino me aburre. No me gusta, me parece que se regodea con la violencia, hace como que no, pero es racista. Tiene unas contradicciones que me acaban irritando con sus películas. Las primeras películas de Almodóvar, que eran tan desfachatadas, esas sí me hacían reír a carcajadas.

-Se ha dicho de tu cine, sobre todo de tus primeras tres películas, que es un cine muy femenino. ¿Estás de acuerdo con esta valoración?

-Tengo la experiencia de mujer, es fácil conocer en detalle cosas y a la hora de escribir me es más fácil plasmarlo. Pienso que por eso hay muchas mujeres en mis películas, no porque a mí me interese contar el problema de la mujer, porque el problema de la mujer es el problema de la humanidad, el problema de los hombres, de las mujeres… no sé, no voy a no reconocer que las mujeres han estado sometidas, obviamente, pero nunca sentí que fuese mi tema eso. Te diría que a mí lo que me interesa es la intemperie, la arbitrariedad, la idea de lo normal, lo natural… Para escribir un personaje la idea que me sirve es la de monstruo. Para mí un niño, adulto, sea mujer o varón, es un monstruo. Y lo propio del monstruo es que es una naturaleza inestable, que te puede sorprender todo el tiempo. Como el alien, que de una boca saca otra boca. Su esencia es que rompe las reglas, por eso nos aterroriza. Esas ideas como terroríficas me sirven para mantenerme despierta, literalmente despierta.

-¿Un consejo para cineastas?

-Hacemos cine basándonos en las películas que hemos visto y muy pocas veces en torno a lo que nos rodea. Sin embargo, usar lo que nos rodea como inspiración es sumamente poderoso. Hay que estar atento a uno para expresar la particularidad que es cada uno. Esta actividad tiene mucho más que ver con la vida que con la sala de cine.

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