Sin él, los espaguetis de Clint Eastwood sería muy sosos

Malpaso es el nombre de la productora de Clint Eastwood. Y así se llama también la editorial que publica en España un libro sobre Ennio Morricone, el compositor que, en sintonía con Sergio Leone, catapultó al actor desde Almería hasta Hollywood

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Ms sincero, imposible, cuando se refiere a sus comienzos: «Todavía hoy considero aquellos temas entre los peores que he compuesto para el cine». Ennio Morricone -dos óscares de Hollywood y 500 películas en su currículo- habla sin rodeos con su discípulo y confidente Alessandro de Rosa en En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida (Malpaso, 2017). Morricone es el padre de algunos de las composiciones más populares de la historia del séptimo arte, como las que hizo para los eurowestern de la Trilogía del dólar, que Sergio Leone popularizara entre 1964 y 1966 con el rostro de Clint Eastwood, por entonces un actor tan de segunda fila como espigado (1,93) y que solo hablaba inglés. Cuenta Morricone que comprendió enseguida que debía «agudizar y ampliar el tono picaresco y agresivo en la banda sonora», cuando recibió de Leone, su compañero escolar en la Roma de los años treinta, el encargo de la música para Por un puñado de dólares en 1964. Vamos, que había ponerle mucha salsa a aquel espagueti. La película fue rodada en exteriores de Almería, de Colmenar Viejo e incluso de la Casa de Campo, entre otros. Eastwood cobró 15.000 dólares, un Mercedes.... y un prestigio incipiente que acabó catapultándolo al éxito.

Tampoco Leone confiaba en el resultado de aquella aventura, de ahí que en su primer estreno figurase como Bob Robertson y el propio Morricone como Dan Savio. Aunque nacía entonces una estrecha relación profesional que acabaría con el infarto de Leone en 1989, el músico cuenta que estuvieron a punto de romper a causa de la secuencia final del filme, en la que el cineasta insistía en meter A degüello, escrita por Dimitri Tiomkin para Río Bravo (Howard Hawks, 1959). Morricone tiró la batuta hasta que Leone reculó. También se oponía el director a que el trompetista fuera Michelle Lacerenza. El tema que abrió el filme se convirtió en uno de los más populares de Morricone, con el que miles, quizá millones de espectadores, aprendieron a silbar. El disco arrasó en Italia y en el resto del mundo. Al año siguiente sería La muerte tenía un precio, con mayor presupuesto y otra vez por la almeriense Tabernas, además de otras localizaciones españolas. Regresó el silbido de Alessandroni en los títulos junto a la guitarra eléctrica de D’Amato «y un coro que recuerda sonidos guturales que reemplazan a las palabras […]. Por eso utilicé el arpa de boca, un instrumento típico de la tradición norteafricana, siciliana y coreana». Cerró Leone el círculo del dólar en 1968, con la mejor redondeada El bueno, el feo y el malo, en la que Morricone aportó otra genialidad, una misma melodía tocada por instrumentos distintos: flauta para el bueno, voz para el feo y ocarina para el malo. Era también la primera vez que componía la música previamente para ser utilizada por Sergio Leone en el rodaje con los actores. Transcurrido medio siglo, aquellas melodías siguen sonando y Ennio Morricone reconoce que respondían al deseo del director de que fueran fáciles de recordar. Sergio Leone acertó y Clint Eastwood se convirtió en una estrella.

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Sin él, los espaguetis de Clint Eastwood sería muy sosos