Cuando lo ordinario es extraordinario

Elizabeth Strout fue uno de los fenómenos editoriales del 2016 en España de la mano de su novela «Me llamo Lucy Barton». Su «Olive Kitteridge» (2008) había pasado desapercibida a pesar del premio Pulitzer y la adaptación televisiva. Ahora los sellos Duomo y Seix Barral se lanzan a rescatar su obra

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En manos de Elizabeth Strout (Portland, Maine, 1956) lo ordinario se transforma en extraordinario, lo cotidiano e irrelevante cobra un valor precioso. Su escritura ilumina el lado más íntimo y oscuro de las relaciones familiares, que aparecen ante el lector matizadas por un brillo esclarecedor que igualmente podría darles un baño de pólvora instantes antes de la ignición. Ocurría en Me llamo Lucy Barton, la novela con la que se convirtió en uno de los hitos editoriales del año 2016, y ocurre en Todo es posible (2017), que expande aquel fenómeno en un doble sentido: consolida y agranda su relevancia literaria y amplía la mirada sobre el personaje, Lucy Barton. Porque el hatillo de relatos que conforman esta novela viaja en sentido inverso: si en Me llamo Lucy Barton construía a la protagonista alrededor de una conversación con su madre junto a la cama de un hospital, dejando leves apuntes del contexto de una vida difícil en que abandonó la absoluta pobreza en el pueblo de Amgash para convertirse en Nueva York en una escritora reconocida; en Todo es posible, cada uno de los nueve cuentos se ocupa exquisitamente de retratar un cuadro humano (vecinos, familiares, amigos) que va entretejiendo y dibujando (de una manera bastante elíptica, salvo el capítulo en que Lucy regresa por unas horas a su deprimente casa natal) la dura historia que ella dejó atrás en aquella localidad perdida de Illinois. Así, su presencia, pese a ser aquí central, demiúrgica, resulta casi fantasmal.

Lo asombroso de la prosa de Strout está en el modo en que combina la contención expresiva, la distancia que marca la voz narrativa, el dominio del pulso emocional, su instinto para hacer explotar el mal enquistado en sus criaturas, así como su magisterio en la combinación de los silencios y los diálogos, que no evitan lo escabroso y la crueldad cuando se precisa. Todo ello, además, aderezado con un gran sentido de la empatía y una no menor confianza en que las cosas, hasta las más horribles, tienen una salida, si no una solución.

Strout era una desconocida, incluso a pesar de su novela (también una colección de relatos en red) Olive Kitteridge (2008), que obtuvo el premio Pulitzer y se vio beneficiada de una hermosa adaptación televisiva producida e interpretada por Frances McDormand. Pero estas dos últimas obras sobre Lucy (editadas en España por Duomo) la han colocado en su merecido lugar. Gracias a ello, ha comenzado el rescate de otros títulos que habían pasado desapercibidos. Es el caso de Amy e Isabelle, que revive Seix Barral en la misma traducción que en el 2001 publicó Muchnik, y radiografía la muy tensa relación de una hija adolescente y una madre viuda en un pueblo asfixiante de Maine, y que la aparición del profesor Robertson hará eclosionar. El mismo sello prepara la recuperación del catálogo de El Aleph de Los hermanos Burgess (2013), que Robert Redford llevará a la televisión. Aparecida en este mismo sello, Duomo también ha anunciado que reeditará Olive Kitteridge.

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