Estrella Morente: «Después de estar en un escenario con mi padre, todo lo demás se queda pequeñito»

Lírica y flamenco se aúnan en un espectáculo en el que Ainhoa Arteta y Estrella Morente reinterpretan el cancionero navideño. Hablamos con la cantaora cuando se cumplen 7 años de la muerte de su padre. Actúa el martes 26, en el Auditorio de Galicia, en Santiago.


El miércoles se cumplieron siete años de la muerte de Enrique Morente. No era ese el objeto de esta entrevista sino el concierto -el único en Galicia- que la soprano Ainhoa Arteta y Estrella Morente ofrecerán en Santiago, y en el que revisitarán clásicos del cancionero popular navideño. De Adeste Fidelis o Noche de paz a La Virgen se está peinando o la Salve gitana del Sacromonte. Pero resulta prácticamente imposible, sea cual sea la pregunta, que Estrella Morente no introduzca en su respuesta una sentida alusión a su padre, referencia fundamental en torno a la cual gira su arte y su vida.

-¿Cómo estás afrontando los preparativos de estos conciertos?

-Con agradecimiento porque me permiten utilizar la música como un lenguaje universal, donde no existen los géneros. Fíjate si habrá cosas que contar pero para mí lo más relevante es que el flamenco y la música clásica entran uno en el mundo de la otra. Creo que pocas cosas va a haber en mi vida que me hagan disfrutar tanto.

-Ainhoa Arteta dijo tras el primer ensayo que sintió que vuestras almas hablaban juntas. ¿Qué sentiste tú?

-Que me entendía, que me comprendía, que había una verdad y una hermandad que va mucho más allá que este encuentro en esta gira. Cuando conoces a Ainhoa no te puede medir, solo la puedes amar.

-¿Cómo se consigue ese encaje entre el flamenco y la lírica?

-Con naturalidad. Para mí la música clásica y la lírica han sido siempre algo muy cercano gracias a que mi padre me enseñó a apreciarlas desde niña. Me ponía a Maria Callas, a Edita Gruberová, a Victoria de los Ángeles, me llevaba al Teatro Real y al de la Zarzuela, y en los viajes en coche escuchábamos Radio Clásica. En mi casa no solo se oía La Niña de los Peines, que para nosotros ha sido la diosa del flamenco, o Manolo Caracol. Se escuchaba a Frank Sinatra, Bob Marley, Elton John, Lenny Kravitz, Leonard Cohen... Todos han sido parte de nuestra inspiración.

-¿No temes lo que te vayan a decir los puristas?

-Mi padre vivía con respeto pero no con miedo. Nunca dejó de hacer nada por lo que le fueran a decir. Eso sí, siempre lo hizo desde la admiración y desde el respeto al arte. Y esa libertad en la creación, repito, desde el respeto, lo llevó a lugares insospechados. Esa escuela es la que yo he heredado. Si no les gusta lo que hago tienen todo el derecho a no emocionarse, pero nunca a decirme lo que tengo que hacer.

-El miércoles se cumplieron siete años de la muerte de Enrique Morente.

-[Se queda en silencio] Sí.

-Está claro que sigue siendo una referencia constante en tu vida.

-¿Sabes por qué? Porque es algo que nunca debería haber pasado. No es que parezca que fue ayer, es que nosotros aún seguimos en estado de shock. No queremos creer que fuimos engañados y manipulados. La vida de nuestra familia nunca ha estado ligada a la mentira ni a la traición... [Se queda de nuevo en silencio]. Para mí es muy duro hablar de esto. Llevo años sin decir nada, pero creo que ha llegado el momento de alzar la voz no solo por la injusticia que se ha cometido con nosotros sino por todas esas víctimas de negligencias médicas que no tienen la suerte de tener un altavoz para denunciarlo.

-La investigación judicial quedó definitivamente archivada en el 2013.

-Nos parece increíble que un juez decida de pronto que no es delito dejar morir a un hombre de una hemorragia en un hospital, monitorizado y rodeado de médicos. Y ese dolor el tiempo no lo ha mitigado ni un ápice. Lo que pasa que mi padre nos educó para disfrutar del arte, de la familia y de las cosas sencillas de la vida, no para vengarnos de un médico que está muy protegido y que tiene mucho poder. Y no digo esto ahora porque se cumplan siete años. Es algo que siento día tras día a flor de piel. Y no lo digo pensando en ese artista tan grande que se ha quedado sin hacer tantas cosas que tenía que hacer, ni pensando en ese mágico creador, en esa maravillosa persona que el mundo necesitaba. Lo digo pensando como ser humano en el engaño brutal y en la prepotencia con la que fuimos tratados y en la injusticia con la que tenemos que conformarnos. Para nosotros ha sido lo más importante... No le va a ocurrir otra cosa más importante a mi familia que que mi padre haya partido de esa manera.

-¿Cuál es la lección más importante que aprendiste de él?

-El decir siempre la verdad y el ser honesta y honrada en la vida.

-¿Te asusta o te estimula el que se te considere la gran esperanza de la renovación del flamenco?

-Eso son etiquetas que te ponen los demás. Yo no necesito que nadie me diga lo que soy. Eso ya lo sé yo. Soy una obrera de mi profesión y alguien con muchas ilusiones que quiere llegar lo más lejos posible en su devoción artística. El resto me trae sin cuidado.

-Has colaborado con músicos de pop y de rock. ¿Estás atenta a esa escena?

-Claro, es fundamental. A mí ese tipo de cosas me alimentan. Hay que escuchar a todos. Lo último que hay que escucharse es a uno mismo [se ríe]. Y que esos artistas tengan ganas de tocar conmigo me parece muy importante.

-¿Una colaboración soñada?

-A veces sueño que vuelvo a cantar con mi padre.

-En el 2006 publicaste el disco «Mujeres» y diez años después interpretaste «La guerra de las mujeres». ¿Estás muy sensibilizada con la causa femenina?

-Es que los derechos de las mujeres necesitan todavía muchos avances. Admiro y respeto el feminismo. No llego a rozarlo porque no me gustan los extremismos en nada. Los ismos comprometen demasiado y yo soy muy independiente, muy libre y no todos los días pienso igual.

-Hace año y medio, en puertas de repetir las elecciones, fuiste noticia por pedir diálogo en un acto oficial en el que estaban el presidente del Gobierno y otros políticos y autoridades.

-Me salió sin querer y la lie parda. Dije lo que sentí en ese momento sin pensar en las consecuencias. Los vi allí sentados a todos y dije «esta es la mía».

-Dijiste lo que mucha gente querría decir pero casi nadie se atreve.

-Ya, pero... Ahora mismo no lo haría. Aunque tengo mi parte rebelde mi padre me enseñó siempre a ser discreta. Mis deseos de igualdad, de derechos o de diálogo normalmente no lo expreso a bocinazos contra Rajoy.

-¿De qué es de lo que te sientes más orgullosa?

-De no haber molestado nunca a ningún compañero.

-¿Y algún arrepentimiento?

-Esos me los callo.

-¿Cuál ha sido tu momento más bonito encima de un escenario?

-Ha habido muchos. Ten en cuenta que yo tengo fotos con chupete en el escenario. Y eso da para mucho. He estado con gente muy relevante y con otros anónimos en los que se han dado momentos muy mágicos. Pero después de haber coincidido con mi padre en un escenario lo demás se queda como pequeñito.

-¿Hasta dónde se puede llegar en el flamenco?

-El flamenco es una música de los cinco sentidos, así que hasta donde te permitan tus sentidos.

-El famoso duende, ¿es un amigo o un enemigo?

-No lo sé. Solo sé que cuando trabajas llega algo que se llama inspiración. Al duende por ahí aún no lo he visto.

-¿Te sientes gitana?

-Por supuesto. Llevo sangre gitana y me siento gitana, claro. Mi padre, sin serlo ni pretenderlo nunca, se casó con una gitana y nos demostró que el amor, como el flamenco, no tiene barreras.

-Entiendo que...

-Perdona que te interrumpa. ¿Puedo cambiar la respuesta anterior?

-Claro, dime.

-Pues cambia todo lo que te he dicho y pon, sencillamente, me siento humana.

Martes 26, 21.00 horas. Santiago. Auditorio de Galicia. Entradas disponibles en clicentradas.es a 37.70 euros.

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