Carla Simón: «Con "Estiu 93" me di cuenta de que no tenía recuerdos de mi madre»

Toda la crítica se ha rendido a «Estiu 93», el filme que puede darle el Oscar a España. Una delicada mirada a la infancia de su directora, que se quedó huérfana con solo 6 años. Dentro de dos semanas recibe en Galicia el premio Cineuropa.


La película de Carla Simón, Estiu 93 (‘Verano 93’), es una delicia. Una delicada mirada a la infancia rota por la pérdida de los padres cuando ella aún no había cumplido los 6 años. La directora de este filme relata su historia personal, pero no quiere mostrar un dramón, sino recomponer los retazos de luz cegadora, de rabia, pero también de felicidad en medio de un dolor enorme: el fallecimiento de su madre biológica a causa del sida, que la lleva a comenzar otra vida al lado de sus tíos y de su prima. Precisa, sutil y maravillosamente emotiva, la ópera prima de Carla Simón va camino del óscar si la Academia americana la escoge entre las cinco finalistas. La directora Isabel Coixet lo ha dicho públicamente: «Carla, vas a ganar».

-¿Ha sido muy difícil no desbordarse contando tu historia?

-Sí. A mí las pelis sentimentales no me emocionan nada, así que tuve que hacer un trabajo meticuloso, pero al final cuando filmas una película te das cuenta de que salen ciertas cosas que uno no controla, el ADN de la persona que la hace, esa intuición que usas, no hay una receta. Yo estoy contenta porque tiene el tono que yo buscaba, la naturalidad...

-Frida, la niña protagonista, es tu álter ego. ¿Has tenido que hacer un trabajo de investigación sobre ti misma?

-Sí, eso ha sido un trabajo de guion, porque yo recordaba sensaciones, emociones, pero fue muy importante hablar con mis padres de ahora (mis tíos biológicos), volver a ver fotos de entonces... Recuerdos que se transformaron en ficción. En la peli hay cuatro recuerdos que en realidad pasaron, pero el resto es ficcionado a partir de ideas sueltas que tenía.

-¿Tuviste claro el título?

-Yo soy fatal con los títulos [se ríe]. Cuando le conté el proyecto a la productora, le puso Verano 93 para empezar a trabajar y así se quedó. A mí no me gustaba, pero luego David, uno de los actores, me comentó que le encantaba porque parecía el título de un vídeo casero, y esa idea de recuerdos filmados para mí era esencial y me convenció.

-Tendemos a idealizar la infancia, el verano, a asociarlos...

-Sí, para mí era importante que, aunque el argumento parezca un dramón absoluto, se viera que mis veranos también tuvieron momentos buenos. Yo no recuerdo mi llegada con mi nueva familia como algo oscuro, no dejé de jugar, la parte más luminosa era fundamental.

-¡Qué descubrimiento tus dos actrices: Laia Artigas (Frida) y Paula Blanco (Cesca), de 6 y 4 años!

-Sí, han sido el centro del rodaje, tuvimos que adaptarnos a ellas en todo, pero ha sido lo bonito: meternos en un juego, porque eso ha sido para ellas la actuación. Date cuenta de que nunca leyeron el guion. Tienen 4 años y 6 años, la pequeña no sabe ni leer, así que yo les contaba lo que íbamos a hacer, luego quitábamos mi voz y se acostumbraron a hacer lo que yo les iba diciendo.

-Que una peli catalana gane el óscar para España este año tiene su gracia.

-Ja, ja. Sí, es un momento muy difícil, nadie sabe dónde estamos, pero a mí me parece muy bonito ver que la cultura está por encima de nacionalismos. Que las historias da igual en la lengua en que estén contadas y dónde sucedan que, si están bien contadas, a la gente le llegan.

-¿Este filme es un homenaje a tu madre?

-Mi madre es el detonante de toda esta historia. Mi padre murió cuando yo era muy pequeña y no tengo ningún recuerdo de él. Mi madre murió cuando yo tenía 6 años, pero solo cuando empecé a hacer esta película me di cuenta de que tampoco tenía recuerdos de ella y eso fue muy frustrante. Cogí sus cartas, fui a los sitios donde ella había escrito esa cartas... para recuperar su memoria. Solo cuando empecé a rodar la peli me di cuenta de que no tenía recuerdos de mi madre y que no me los podía inventar: eso fue muy doloroso, muy triste. Pero me ha servido para conocernos un poco más: a mis padres biológicos, a mi familia (mis padres y mis hermanos desde los 6 años) y a mí misma. No necesitaba curar nada, pero he entendido mejor todas nuestras relaciones. Eso ha sido bonito, igual que no juzgarlos por el sida, porque aún hay ese estigma. Mis padres tuvieron muy mala suerte y no llegaron a tiempo para que salieran los antirretrovirales para seguir viviendo.

-No has entrado a saco en ese tema.

-No, yo quería contarlo desde el punto de vista de la niña, porque yo no supe hasta los 12 años que mis padres habían muerto de sida. Entonces de alguna manera la palabra no podía salir. Yo quería que el contexto estuviera, porque fue una cosa muy fuerte en España; hay mucha gente que murió o muchas personas que como yo han quedado huérfanas por el sida. Pero para mí no era el tema principal.

-Te han comparado con Carlos Saura... Y a Laia con Ana Torrent.

-Para mí es exagerado, claro, pero tanto El espíritu de la colmena como Cría cuervos son películas muy importantes que me han acompañado durante el rodaje. Forman parte de mi descubrir del cine. Me emociona mucho; siempre pienso que para mí son obras maestras.

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