Retrato de la peor España urbana del franquismo

Con «Lamia» el Premio Nacional de Cómic reconoce un trabajo con mucho fondo y transportable al siglo XXI


Hay en Lamia, la obra que le ha valido al canario Rayco Pulido el Premio Nacional de Cómic, al menos tres historias empotradas en una. Y por todo ello merece la pena acercarse a este trabajo. De entrada, estamos ante un retrato de la violencia a las mujeres hace 60 años, narrado con potencia. Estamos también ante un retrato de la oscura España urbana de la más dura posguerra (está ambientado en 1943), con sus consultorios radiofónicos, la alargada sombra de la Iglesia y la miseria en las calles. Y estamos finalmente ante un relato policíaco en el que se mezcla un ambiente noir, bajos fondos, una ciudad subterránea, el suspense de encontrar a un horrendo criminal en Barcelona. Y todo confluye en Lamia, la protagonista, una mujer que finge su embarazo -no es spoiler, aparece ya en la segunda página- en una sociedad en la que la soltería y la no concepción son pasto de especulaciones.

Pulido ha construido un personaje femenino extraordinario con muchísimos matices, y que sigue la estela de otra mujer, una chiquilla más bien, Nela, la de su anterior novela gráfica. En Lamia, su tercer trabajo en solitario, ha conseguido una obra redonda quizá por el respaldo de la Maison des Auteurs de Angulema (bendita Francia para el cómic), donde residió un tiempo becado y donde remató este cómic, editado hace un año por Astiberri.

Aparentemente, Lamia es poco atractivo visualmente. Falsa percepción. El dibujo de Pulido, un blanco y negro en algunas secuencias viene con mucha intención, tiene muchos matices. En los gestos de los personajes, pero también en las ambientaciones de bares, calles, despachos... de la Barcelona de inicios de los años 40. El diseño de las páginas es limpio, en favor de una trama en la que está presente la venganza, pero también la represión social. Lamia vive públicamente el castigo de estar embarazada en ausencia de su marido, pero privadamente construye una vida de secretos, de alcohol, de literatura barata, de sangre y dolor. Es un personaje alrededor del cual gira todo y cuya dimensión real iremos conociendo por otros. Pulido podría haber estirado la trama 20 o 30 páginas más, pero además tiene la virtud de condensar todo ello en poco menos de 90 planchas, con giros repentinos, pero nada artificiales, hasta un final redondo. Como todo en esta sobresaliente Lamia.

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