Los recortes, la corrupción, el AVE... y ahora Trump

En «Drones matones», la aventura de Mortadelo y Filemón que llega la próxima semana a las librerías, el prolífico Ibáñez se atreve con Trump. No es nuevo: el catalán ha sabido suplir las carencias de sus últimos álbumes con una acertadísima mirada a la actualidad más próxima. Y así se ha reído hasta del Chapo Guzmán


Quede claro desde la primera línea: uno no puede sino admirar el trabajo de Francisco Ibáñez. Pero sí discutir que los últimos trabajos del catalán, que va camino de los 82 años publicando ¡tres tebeos al año! vienen flojos en los argumentos, abundantes de humor de trazo grueso. Pero sigue siendo -eso no es discutible- el creador de cómic con el que más se identifica el gran público. El próximo superventas lleva por título Drones matones y sale a la venta la semana que viene. Argumento: el profesor Bacterio ha fabricado una serie de drones para ayudar a Mortadelo y Filemón, que deberán probar artilugio tras otro hasta ofrecer sus servicios al presidente de los Estados Juntitos: Donald Trompf. Es obvio quién está detrás de esas identidades. Como de la de Rulfián, director general de la Guardia Viril, o de Marmeto Rojoy, presidente del Partido Papilar. O qué son los tramos del UVA (Ultraloca Velocidad Automotora), o las atracciones de Port Chifladura... O tantas otras recreaciones de la realidad cotidiana que el dibujante ha sabido tomar en los últimos 40 años para construir sus historias. Aunque las aventuras de estos dos agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterránea, otro guiño, en este caso a la CIA) nacieron mucho antes, en 1958. Pero Ibáñez, deliberadamente o no, evitó colocar en los cincuenta, sesenta y setenta a sus protagonistas ante escenarios o momentos que recordaran o imitaran a la España de aquel momento, por mucho humor que se quisiera poner. La censura se imponía. Algunos críticos dicen que esas aventuras parecían instaladas en un lugar totalmente ajeno.

El creador comenzó a acercarse a la actualidad desde los deportes, y ahí nació una de sus historias más logradas, Mundial 78. No se ha perdido desde entonces un gran campeonato de fútbol; pero tampoco las citas olímpicas o hasta los últimos Eurobasket. Cubierta la siempre agradecida parcela deportiva, Ibáñez empezó a ubicar a sus chapuceros detectives ante momentos muy reconocibles para los lectores. Y en los ochenta empezaron a verse cosas como el grupo terrorista P.E.P.A. (Pueblabruta Exige Plena Autonomía), la Gomeztroika en plena caída de los regímenes comunistas, el Golfo Percebético cuando estalló la Guerra del Golfo, problemas con fondos que desaparecen del S.O.E (Seguro Obligatorio de Enfermedad), la prensa cardiovascular, las vacas chaladas o un grupo de artistas musicales que participan en un programa de talentos: Misión Trifunfo.

Ibáñez ha ido metiendo la cuchara en todas las salsas, con mejor o peor fortuna, pero con un patrón común: edita unos tres álbumes al año -un trabajo ingente para cualquiera que se dedique a la creación cultural- y al menos uno de ellos está vinculado a algún personaje o situación real. Miradas a la actualidad barnizadas por el disparate y que le han servido para caricaturizar desde a Bill Clinton hasta a Gorbachov, y más recientemente a Bárcenas, a Rajoy o a Obama. «Mortadelo no ha sido nunca un personaje para hacer crítica política o social. A veces he hecho salir a alguno, sí, pero no lo he hecho para criticar a políticos ni de derechas ni de izquierdas ni ninguno», se defendía en el homenaje a sus 80 años. Pero lo cierto es que eso, la política, le está dando buenos argumentos en los últimos números, desde Suelditos más bien bajitos hasta Elecciones, dos de sus últimos trabajos. Ninguno, hasta ahora, con los espectaculares números de El tesorero, que salió a la calle cuando la financiación irregular del PP abochornaba a medio país. El personaje de Bárcenas, además, ha sido uno de sus grandes aciertos en los últimos años. En realidad, saber escoger a los secundarios es algo que siempre ha sabido hacer bien. Los periódicos le han (hemos) dado abundante munición.

Pero no solo la vida política o deportiva se puede seguir a través de sus álbumes. En realidad, dentro de las viñetas de Mortadelo, Filemón, el súper Vicente, la secretaria Ofelia o el científico Bacterio se advierte el pulso social de este país; y también de buena parte del planeta. Son más de 200 números, y siguiendo los que se han publicado desde los ochenta se advierte la llegada del euro, la irrupción del AVE, la penetración del móvil, la llegada de los primeros ordenadores, el movimiento okupa, la burbuja inmobiliaria, los robots, la Unión Europea, la OTAN, el racismo, los enchufes... Y hasta el narcotráfico: Ibáñez se ha reído hasta del Chapo Guzmán y de su huida de un penal de México. Lo ha caricaturizado igual que lo hizo en otros momentos con Hitler o Pinochet, aunque con sus identidades camufladas. Como el Donald Trompf que se podrá leer la próxima semana.

OTROS MORTADELOS PEGADOS A LA ACTUALIDAD

«EL TESORERO»

AÑO 2014

Uno de los trabajos recientes más logrados: el caso de los papeles de Bárcenas. Alguien ha vaciado al Partido Papilar (no hay erratas, se llama así) de Mamerto Rojoy. Ese mismo 2014 tenemos «Tijeretazo», sobre los recortes en los sueldos.

«LAS VACAS CHALADAS»

AÑO 1997

En plena psicosis en la calle, Ibáñez se destapa con una historia delirante que sitúa a uno de los grandes secundarios de la saga, el profesor Bacterio, en el origen de esta enfermedad. Ese mismo año saca otro álbum de actualidad, centrado en la irrupción de Los Verdes.

«IMPEACHMENT»

AÑO 1999

Con medio planeta pendiente del futuro de Bill Clinton por el «affaire Lewinsky», el dibujante monta un delirio en la oficina de la T.I.A.: el superintendente es acusado de haber mordido el culo a la secretaria Ofelia. Ese año también edita «M.I.E.R.» sobre la Estación Espacial.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Los recortes, la corrupción, el AVE... y ahora Trump