El diablo viste de traje

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Hay algo en los objetos más cotidianos, cuando están fuera de su contexto, que puede llegar a infundir pavor. Ahí, en lo convencional, incluso lo banal, puede anidar el horror. En un traje, por ejemplo. Un traje negro. Puede vestirlo el diablo. Pero para convencernos tiene que relatarlo alguien como Stephen King.

El hombre del traje negro es un cuento breve, contenido, que bebe tanto de la tradición oral como de los grandes narradores norteamericanos. En esencia, su argumento puede resumirse en una frase: Gary, un niño de nueve años, sale de pesca y junto al río se encuentra el diablo. Que viste traje negro y huele a azufre. Pero es en atención al detalle y la manipulación de los miedos la que eleva la narración. King conoce a la perfección los mecanismos del temor y se recrea en la exhibición con la que el diablo atemoriza al pobre Gary: primero, con la posibilidad de su propia muerte y, segundo, más terrorífico todavía, con la de su madre.

El impacto es tal que el narrador, convertido ya en un anciano, garabatea con toda claridad aquel día tan lejano en un cuaderno que le regaló su bisnieta... de la que no es capaz de recordar el nombre. Así son ese tipo de recuerdos: arrojan una sombra, la del miedo primario, que en ocasiones se crecen con el fulgurante sol de la vida para sacudirnos con el escalofrío de un horror que creíamos olvidado pero que nunca nos abandona.

Sobrevuela todo el relato una sensación onírica, de pesadilla de siesta de verano, que dota la tensión de un temor aun mayor, que es el de no saber distinguir lo vivido de lo soñado. Las ilustraciones de Ana Juan retratan ese recuerdo infantil con el blanco y negro al que tanto asociamos los recuerdos, pero incorporando con un uso mínimo, aunque de gran expresividad, del color, para advertir de que en la plácida y aparentemente inocente naturaleza también es posible que aceche el mal.

La referencia más clara de El hombre del traje negro a la hora de invocar esa tradición narrativa norteamericana es la de Nathaniel Hawthorne y, en concreto, su relato El joven Goodman Brown, con el que King establece una suerte de juego de espejos. El tema del diablo también es central en este cuento, aunque la perspectiva cambia. Ya no se trata de un niño, sino de alguien de más edad, aunque igualmente impresionable. Y si en la pieza contemporánea el diablo es un ser solitario que se aparece de la nada, en el relato decimonónico de Hawthorne es capaz de seducir a una comunidad entera, por muy devotamente cristiana que sea su apariencia diurna. El tema cambia y, en lugar del miedo individual, lo que aquí late es cómo puede corromperse un pueblo: los que juzgan y se erigen en guardianes píos de la moral, incluso quitando las vidas de quienes no piensan como ellos, son en realidad los que traen el mal a nuestro mundo.

La crítica de Hawthorne al puritanismo puede reinterpretarse hoy, a la luz de los nuevos fundamentalismos. Igual que el relato de King nunca perderá vigencia, porque el miedo primario también nos define.

AUTOR STEPHEN KING

EDITORIAL NÓRDICA

Ilustraciones de Ana Juan. Traducción de Íñigo Jáuregui. 128 páginas. 19,50 euros.

Sobrevuela todo el relato una sensación onírica

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