Estopa: «Los Chichos sonaban sin parar en el coche de nuestro padre»

El dúo catalán estará en Bueu el próximo agosto encabezando el cartel del SonRías Baixas. Estarán junto a Narco, Amparanoia, Todos Tus Muertos, Dakidarria o SES en una de las citas claves del festivaleo gallego que viene

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No son Estopa un grupo especialmente festivalero, pero cuando terminan en uno suelen triunfar. Lo volverán a demostrar en el SonRías Baixas (Bueu, del 3 al 5 de agosto, abono con acampada 35 euros). «Nos mola mucho eso de estar con otros grupos en ese ambiente de fiesta. Cuando los hacemos, planteamos conciertos más cañeritos, sin baladas y sin ese punto de bajar para luego subir. Es, digamos, todo más punki», explica Jose Muñoz, mitad del dúo que completa su hermano David.

-Su último disco, «Rumba a lo desconocido», constata que el sonido de Estopa es el que es. ¿Lo tienen tan claro como para apenas variarlo?

-Yo creo que sí, no es que lo tengamos claro, es que es lo que sale [risas]. Lo tratamos de hacer lo mejor posible y el sonido es una consecuencia de tus grupos, de tu manera de cantar y esas cosas.

-Hay quien necesita reinventarse. ¿Ustedes, como sus admirados Chichos, están condenados a sonar igual?

-Sí, somos duros de madurar. Cuando la gente madura se tiende a baladizar, a hacer temas más tranquilitos. Nosotros, de momento, no. Estamos encantados en el rumberismo, mezclando nuestra rumbita con el poderío de la guitarra eléctrica. No nos cansa.

-En este disco sumaron al grandes éxitos «Pastillas para dormir». ¿Cuesta ampliarlo después de tantos hits?

-Eso está muy bien, vamos por la calle y a los niños pequeños les dicen: «Mira hijo, los de Pastillas para dormir». Eso me gusta mucho. Antes éramos «los de La Raja». Evolucionamos.

-En alguna ocasión les escuché decir que la clave estaba en el primer verso. ¿Lo siguen defendiendo?

-No solo el primer verso, sino la primera melodía que tiene la canción. Eso es lo que abre todo un universo de posibilidades para luego escribir la letra.

-Los expertos en pop dicen que actualmente hay que impresionar al oyente en los primeros 20 segundos. Si no, saltan a otro tema.

-Bueno, no sé. Lo que está sonando en las radios más escuchadas ahora es reguetón. Y creo que ese género se lleva mal con el pop. No creo que sea una combinación muy bonita. Desde mi punto de vista, ¿eh?, que habrá a quien le guste el reguetón. Mis perdones.

-¿De quién eran de pequeños: de Los Chichos o de Los Chunguitos?

-Mi padre no tenía ese problema. Tenía Chichos, Chunguitos, Bordón 4, Chiquetete, Camarón, Peret... Yo creo que escuchábamos más a Los Chichos, pero Los Chunguitos también entraban en la gramola del coche de mi padre. Incluso Pimpinela [risas]. Como dice Ferran Adrià: «Somos lo que comemos». Pues nosotros somos lo que oímos. Somos el resultado de todo eso y Los Chichos sonaban sin parar en el coche de nuestro padre. Ha sido nuestra Biodramina natural para no marearnos en los viajes.

-Siempre han desprendido una actitud positiva. ¿Qué filosofía de vida quieren plasmar en la música?

-Bueno, nosotros intentamos pasarlo lo mejor posible y sacar lo más positivo a cualquier situación, sin complicarnos mucho. Eso podría ser un pequeño resumen de cómo somos nosotros. Somos optimistas, a veces incluso excesivamente, que puede ser malo.

-Son uno de los grupos que mejor le ha tomado el pulso a la clase obrera en España. ¿Qué piensan de ello?

-Hemos hecho alguna canción en la que contamos muy detalladamente lo que es el día a día en una fábrica. Quizá por eso la gente se siente identificada, porque el que ha estado en una fábrica sabe por qué lo decimos. El que no ha estado, pues se hace una idea con ella [risas].

-Pero más allá de eso, está ese lenguaje sencillo y sin pretensiones, el que se escucha en los bares.

-Eso es porque nuestros padres tenían un bar. Nosotros nacimos ahí, en ese ambiente. Nos criamos con eso y hemos asimilado todo ese lenguaje

-¿Con el éxito tuvieron miedo al desarraigo?

-No, al estar los dos compartiendo la experiencia nos evita muchos psicólogos. Después del segundo disco sí que tuvimos que parar, porque el camino no se detenía nunca. Desde entonces, tras cada disco y gira nos tomamos un tiempo tranquilos para componer. Es algo necesario.

-¿Cuál era su ídolo?

-Joaquín Sabina. No es que nos quisiéramos parecer a él, pero siempre nos ha encantado la filosofía que desprenden las canciones. Pero también nos gusta la gente del tú a tú, sin que sean famosos. El primer colega que nos impresionó con la guitarra, Alberto en Barcelona, nos marcó totalmente. Vimos por primer vez hacer magia con la voz y la guitarra. Eso nos hizo que nosotros le tomásemos cariño al instrumento y la voz.

-¿Cómo se toca a estas alturas de la película «La raja de tu falda»?

-Va por ratos. Hubo una época en la que la quitamos incluso del repertorio. Estábamos muy cansados de ella. Pero luego la hemos vuelto a meter. Le debemos mucho a esa canción y es muy divertido cantarla, porque la gente se lo pasa muy bien.

-Cuando vinieron en el 2008 al Coliseo de A Coruña preguntamos por su cátering. Esperábamos botellas de Moët & Chandon, 100 toallas o cosas así. Hubo sorpresa. Solo una petición: tortilla de patatas, pero especificando entre paréntesis «casera». ¿La siguen pidiendo?

-[Risas] ¡Es que casera está mucho más rica que la prefabricada! Eso es una cosa más de los mánagers, que así además aprovechamos la visita para comer patata gallega.

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