La voz de la América negra anuncia su silencio

La reina del soul ha hecho pública su intención de retirarse de la música. A punto de cumplir 75 años, deja un legado todavía inalcanzable y un vacío difícil de llenar.


La historia de Norteamérica se levanta cuando Aretha canta». Con esta sentencia explicó el expresidente Obama el motivo de sus lágrimas cuando escuchó cantar en directo a Aretha Franklin (You make me feel like) A natural woman en el homenaje a Carol King en el año 2015. Y es que no se trata tan solo de música, no es solo la voz de las voces y la reina del soul. Es mucho más. Es la voz de la América negra que, casi sin pretenderlo y con su música como única herramienta -ella misma solía reconocer que los discursos políticos no eran lo suyo- se convirtió en un referente de la lucha feminista y racial desde mediados de los sesenta. Anuncia ahora esta voz que tiene la intención de callarse. Y la América negra se quedará muda.

Antes de su retirada, Aretha ha asegurado que dejará a sus seguidores un regalo de sabor agridulce. Grabará un disco con Stevie Wonder, lo que supondrá la mejor despedida que podría imaginar cualquier aficionado al soul. Pero pasado el 2017, solo podremos ver a la gran diva en esas cuchipandas en las que le encanta participar que mezclan a políticos demócratas con artistas.

Esta hija de predicador, empapada en góspel desde su nacimiento, decidió un buen día seguir honrando a Dios desde terrenos musicales más mundanos y llegó a ser la única persona del mundo que pudo mirar a Otis Redding desde arriba y cuestionarle quién merecía cantar Respect. Cambió la música popular para siempre. Aunque sus grandes clásicos quedasen en los sesenta y desde mediados de los ochenta -junto a George Michael- no goce de un hit internacional, su larga sombra se detecta todavía en todo el que se acerque a un micrófono. Basta con ver cualquier talent show de la televisión para comprobar que todas las jóvenes aspirantes a cantante imitan (o lo intentan) descaradamente su estilo. Aunque muchas ni siquiera lo sepan.

Anuncia su retirada para este año, aunque ya desde que decidió no moverse de casa -su miedo a volar hizo que se negase a actuar fuera de los Estados Unidos-, el horror vacui que siempre han padecido los que regulan los tronos del Olimpo del pop hizo que se le empezase a buscar sustituta. Muerta Whitney Houston y con la explosión de ese fenómeno llamado Beyoncé parecía que estaba el trabajo hecho, e incluso la propia Aretha declaró públicamente su admiración por su supuesta heredera. Pero cualquier tímpano que no haya sido ultrajado insistentemente por los formatos digitales de almacenamiento de música detectará con una simple escucha que la sustitución no es válida. Enfrentar a un fenómeno de la naturaleza como la veterana cantante con un producto tan bien empaquetado y medido como Beyoncé es como comparar un devastador tornado con los efectos especiales de una peli de Hollywood. No es que no jueguen en la misma liga, es que ni siquiera practican el mismo deporte. Queda, por lo tanto, vacío el trono de la reina del soul, y será difícil encontrar quien lo ocupe con tanta justicia y peso como Aretha. Quizá haya llegado la hora de instaurar la república en la música negra.

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