Purita Campos: «Las niñas de hoy también se enganchan a Esther»

Purita Campos ha reinventado, junto al guionista Carlos Portela, las historias de Esther y Juanito que devoraban los preadolescentes de los 80 y que ahora vuelven con sus protagonistas en plena crisis de los cuarenta.

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Para los que crecimos sintiendo que Esther era nuestro álter ego de tinta, hablar con Purita Campos es más que un lujo. A punto de cumplir los 80, la madre de la entrañable pecosa enamorada de Juanito no quiere que la traten de usted mientras charla, entre risas, sobre sus libros, el amor, los adolescentes y el futuro. En las librerías está ya La elección de Esther, la segunda novela que narra la vida adulta de la protagonista de los cómics de los 70 y 80. Ahora es ella la que tiene una hija adolescente. 

-¿Que tenía Esther que nos gustaba tanto?

-Yo creo que lo que enganchaba de las historias de Esther y Juanito era que nos sentíamos iguales que ellos. Bueno, yo en teoría no, porque yo soy más mayor, pero también lo sentía como si fuera jovencita, y eso es lo importante.

-1980, 2016... ¿El amor no tiene épocas?

-El amor funciona siempre igual, aunque cada generación cambie un poco, realmente la época es lo que cambia. Lo que entonces nos parecía algo maravilloso a lo mejor ahora sería un poco ridículo o más bien cursi. Pero yo veo que las niñas de ahora se siguen enganchando a Esther y eso me asombra.

-Con Phillip Douglas, el guionista de las antiguas historias de Esther, triunfó en todo el mundo.

-Phillip era muy bueno creando historias, aunque él una vez me confesó que las ideas se las daba su mujer. Me lo dijo como algo muy personal e intimo y yo pensé: “Bueno, pues la verdad es que las plantea muy bien”.

-Ahora el tándem lo hace con un gallego, Carlos Portela. ¿Qué tal se han adaptado mutuamente?

-Carlos Portela es un gran guionista, es muy bueno y siempre me sorprende. Encajé muy bien con él porque es muy majo, si yo le sugiero alguna cosa diferente y le parece que está muy bien, o no le gusta, me lo dice. Hay un tira y afloja que es muy agradable para trabajar.

-Llevamos unos años de fuerte revival de los ochenta. ¿Qué tuvo esa década de especial?

-Los ochenta estuvieron bien, claro... [piensa] ¿Tú crees que ahora gustan los 80? Yo es que estoy muy apartada de todo ya. La verdad es que era muy bueno lo que se hacía entonces, pero todas las décadas tienen cosas importantes. A mi edad he vivido los cuarenta, los cincuenta, los sesenta, los setenta... Pero eso va bien porque te das cuenta de cómo ha ido evolucionando todo, como hemos ido perdiendo cosas y ganando muchísimas mas.

-Hablando de 80, son los años que usted cumple en el 2017... Y al pie del cañón.

-No está mal para tantos años. La verdad es que yo soy la misma de entonces. Uno tiene una manera de ser y de pensar, y porque te hagas viejo no puedes cambiar. Pero yo entiendo a la gente joven, ¡ojalá fuera joven! Si fuera joven sería como los de ahora.

-Si fuera joven no tendría que escuchar esa frase que tanto le dijeron: “Qué bien lo haces para ser mujer”.

-Sííííí, en Bruguera era la frase que más me decían. Lo mío con Esther fue casualidad. Yo llegué a Bruguera porque el dibujante Manolo Vázquez conoció a mi hermano en un bar, le habló de mí y le dijo: “Pues si tu hermana dibuja, que venga mañana”. Al día siguiente fui, me recibió Víctor Mora, vio los dibujos y me dijo: “Puedes empezar mañana”. Yo realmente era diseñadora de moda, porque mi madre era modista y lo había vivido mucho. Se me daba muy bien, hacía unos diseños preciosos.

-Y al final, una gran dibujante, a pesar del asombro machista.

-En esa época sufrí mucho el machismo. Ya en mi casa, mi hermano decía: “que lo haga ella que para eso es mujer”. También me gustaba el teatro, fui al instituto del teatro, hice varios cursos y me salió incluso para hacer un papelito en una obra profesional, pero en mi casa me dijeron que no, porque volvería muy tarde por la noche. Era otra época.

-Y Esther, ¿todavía nos va a dejar ver algo más de su vida? ¿Le gustaría verla en el cine?

-Sí, por mí encantada. Me gustaría verla en el cine, pero me haría sufrir mucho, porque si al hacerlo saben ver las cosas mejor que yo, estupendo, pero si no es así me haría sufrir un poco.

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