«Hitler acabó siendo un yonqui con síndrome de abstinencia»

Los soldados alemanes se colocaban con metanfetamina de forma masiva durante la Segunda Guerra mundial. esta droga fue decisiva para las victorias nazis en la guerra relámpago. Son algunas de las revelaciones que hace Norman Ohler en un libro que da una visión diferente del régimen nazi


Parecía que todo estaba ya dicho sobre el nazismo. Pero en El gran delirio. Hitler, drogas y el III Reich, Norman Ohler (Zweibrücken, 1970) da una visión diferente de la actuación en la Segunda Guerra Mundial de las fuerzas armadas alemanas, que según el autor «recibieron ingentes provisiones de metanfetamina, el estimulante hoy conocido como crystal meth o meta». Historiadores tan relevantes como Ian Kershaw, Antony Beevor o Hans Mommsen han alabado la primera obra de no ficción de este novelista, guionista y periodista.

-¿Hasta dónde llegó el uso de metanfetamina en la sociedad y el ejército alemanes?

-El Pervitin, que tenía como componente la metanfetamina, se convirtió en un producto muy popular en la sociedad civil a partir de 1938, se utilizaba en todos los ámbitos, desde trabajadores de las fábricas, hombres de negocios, conductores de trenes, secretarias a escritores. La pervitina se conseguía fácilmente, yo la llamo la droga del pueblo. El fisiólogo Otto F. Ranke, que era el responsable del aumento de rendimiento en el ejército, leyó informes de universidades alemanas que decían que la pervitina era efectiva para combatir la fatiga y vencer el sueño, que era el enemigo a batir en el ejército. Hizo pruebas que le demostraron que los que la tomaban podían permanecer más tiempo despiertos.

-Pero los nazis prohibieron las drogas cuando llegaron al poder en 1933 y criminalizaron a los que la tomaban.

-Esa es la ironía de esta historia. Pero hay que tener en cuenta que la pervitina no estaba consideraba como una droga, se podía comprar en cualquier farmacia, ni siquiera hacía falta ir al médico a que la recetara. Eso cambió cuando Leo Conti, secretario de Estado encargado de la salud pública, se dio cuenta de que era una droga y contradecía la ideología nazi y ordenó en noviembre de 1939 que se dispensara exclusivamente con receta médica. Y es cierto, contradecía ese concepto del ario limpio y puro, del superhombre nazi.

-Sostiene que el uso de metanfetamina fue decisivo en las victorias alemanas en la guerra relámpago.

-En la invasión de Polonia su uso no era oficial, pero muchos soldados la utilizaban. Ranke pidió informes a todos los oficiales médicos sobre los efectos del uso de la pervitina, que decían que era muy buena a la hora de hacer el trabajo, lo que quería decir para matar a los enemigos. Los conductores de los tanques podían conducir más tiempo, los soldados perdían el miedo. Por ello, Ranke quiso que se utilizara en la invasión de Francia. Al principio no se le dio mucha importancia, pero en febrero de 1940 eso cambió cuando tres generales, Rommel, Guderian y Von Brauchitsch mantuvieron un desayuno de trabajo con Hitler y le dijeron que había que cambiar de táctica para atravesar las Ardenas. A Hitler le encantó la idea. Pero tenía un problema, que solo funcionaría si se ejecutaba de manera muy rápida y sin parar. El 17 de abril de 1940 se emitió el decreto de sustancias despertadoras, el primer documento militar de la historia que ordena el uso masivo y sistemático de una droga química, la pervitina, para vencer el sueño y superar el cansancio. La Wehrmacht se convirtió en la primera fuerza armada del mundo que apostaba por el uso masivo de una droga química. La metanfetamina se incorpora así a la estrategia para atravesar las Ardenas. Se distribuyeron 35 millones de pastillas de pervitina.

-¿Hitler sabía que se estaba suministrando esa droga masivamente a los soldados?

-No lo he podido averiguar. Lo que es un hecho es que el decreto de sustancias despertadoras está firmado por Von Brauchitsch, que era el comandante en jefe del ejército y lo que firmaba siempre pasaba por la mesa de Hitler.

-¿Cuántas pastillas tomaban al día los soldados?

-Se distribuyeron, como he dicho, 35 millones antes del ataque a Francia. No se distribuían por igual. Los tanquistas recibían la mayor parte, porque eran la avanzadilla. La dosis en general era una pastilla por el día, por la noche dos más seguidas y, en caso de ser necesario, una o dos más cada tres o cuatro horas. Pero en el caos que era la campaña no se sabe cuántas tomarían, porque los soldados querían seguir sin parar. Guderian les dijo que les había pedido que estuvieran despiertos tres días y tres noches y que habían conseguido estar 17. Creo que exageraba.

-¿La metanfetamina que tomaban era similar al cristal que cocina Walter White en «Breaking Bad»?

-Es el mismo componente, metanfetamina. Hay diferentes maneras de cocinarla. White alucinaría con la pureza del producto alemán, porque lo hacían en laboratorios farmacológicos en perfectas condiciones y él siempre tuvo que esconderse. Breaking Bad se puede traducir como cambiar de repente y hacer el mal, que puede servir para definir lo que fue el régimen nazi.

-Al final de la guerra, cuando los nazis eran conscientes de que habían perdido, intentaron crear una superdroga que revirtiera la situación.

-Hicieron pruebas con 10 composiciones diferentes, pero no funcionó porque la que eligieron era demasiado fuerte y creaba confusión a quienes la tomaban.

-En su libro aparece un Hitler totalmente dependiente de las drogas.

-Hitler hablaba de lo malo que era fumar, no tomaba alcohol, elogiaba la alimentación vegetariana y hacía apología de la vida sana, pero se convirtió en un politoxicómano. Podemos decir que se hizo dependiente de las drogas después del intento de matarle de Stauffenberg el 20 de julio de 1944. Comienza a tomar opiáceos, Eukodal y cocaína, Pero antes de eso el doctor Theodor Morell, su médico personal, le ponía inyecciones diariamente, al principio de vitaminas y glucosa, pero a partir del otoño de 1941 contienen también hormonas animales, que podemos calificar de esteroides. Eran sustancias que le daban un subidón momentáneo, como a los deportistas antes de una competición. Las drogas le proporcionaban una apariencia saludable de fortaleza, pero le fueron minando. Su salud se fue deteriorando rápidamente en los últimos años hasta convertirse en un desecho humano.

-En sus últimos días en el búnker de Berlín sufría síndrome de abstinencia.

-Eso es lo que ha demostrado mi investigación. Antes de entrar en el búnker tomaba 20 miligramos cada dos días de Eukodal, una droga con un efecto inmediato superior a la heroína, lo que le hacía totalmente dependiente de esta droga. Pero llegó un momento en que no se podía encontrar en Berlín y Morell ya no se la podía administrar. Al final acabó siendo un yonqui dependiente de la droga que padecía síndrome de abstinencia.

-¿Esa dependencia influyó en sus decisiones?

-Le permitió no cambiar su manera de tomar decisiones. Si hubiera actuado como un líder racional y responsable habría tenido que cambiar sus tácticas, pero no lo hizo. Las drogas le ayudaron a mantenerse en un estado delirante e irracional y contribuyeron a que sobrevalorara su propio poder y el de la Wehrmacht. Le mantuvieron en el camino del mal y potenciaron su delirio, pero era responsable de sus actos. Era muy difícil para sus generales hablar con él de forma racional. Estaba absorto en su propio mundo, ajeno a la realidad, lo que llevó a la catástrofe final.

-¿Por qué los historiadores han dado menos importancia al doctor Morell, que influyó decisivamente en su manera de actuar, que a otros personajes del régimen?

-Es muy extraño que lo hayan pasado por alto, porque tuvo una influencia directa sobre Hitler, estaba todo el día con él. Es un caso aparecido al de Eva Braun, que, según una nueva biografía, también tuvo bastante influencia en el Führer, no solo era una rubia tonta.

-¿Los ejércitos aliados también tomaban alguna clase de droga para su rendimiento?

-Los británicos descubrieron que los alemanes estaban tomando lo que llamaban «pastillas de la victoria». Las encontraron en los aviones que derribaban. Se plantearon si ellos debían tomar también metanfetamina o anfetamina. Hicieron pruebas con los pilotos británicos y optaron por su propia anfetamina, la benzedrina, que no es tan fuerte pero también te mantiene despierto. Empezaron a utilizarla al final de la guerra, al igual que los americanos. Después estos la tomaron en las guerras de Corea y Vietnam y más tarde en Irak y Afganistán. Los franceses tomaban vino tinto, que creían que les había ayudado a ganar la Primera Guerra Mundial, pero lo que producía era sueño. Los soviéticos tenían el vodka para animarse.

-¿Algún otro gerifalte nazi era adicto a las drogas?

-Göring era morfinómano. Algunos altos mandos como Goebbels eran pacientes de Morell, que le suministraba morfina. El general Von Kleist usaba Eukodal. Göring apodó a Morell como el «Maestro de las Jeringuillas del Reich». Muchos altos mandos tomaban drogas para superar el estrés y sus conflictos de conciencia, sobre todo a medida que se iba conociendo más sobre el Holocausto.

-¿En la actualidad los ejércitos toman también este tipo de sustancias?

-Un oficial médico de alto rango del ejército alemán me dijo que las fuerzas especiales en Afganistán tomaban modafinil, una droga nueva que aumenta el rendimiento. Puede estar seguro de que todos los ejércitos del mundo están constantemente investigando qué droga puede mejorar su capacidad para combatir.

-¿Qué aporta al conocimiento del régimen nazi su novedosa visión?

-Deconstruyo algunos de los mitos sobre el que está construido el régimen nazi. Muestro la hipocresía del sistema. Pongo de manifiesto que no hay que pasar por alto el papel de las drogas en los procesos históricos, es bueno tenerlo en cuenta al analizar las guerras modernas y entender lo que pasa. Nos puede dar una idea más detallada de lo que sucedió en la II Guerra Mundial.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos

«Hitler acabó siendo un yonqui con síndrome de abstinencia»