Bandas tributo: un fenómeno en pleno auge

Desde poder ver a otros Queen calcando su sonido e imagen a disfrutar en una sala con unos fans de AC/DC que emulan su época con Bon Scott. El debate está abierto


Es algo que está ahí. Las bandas tributo o de versiones viven su momento de gloria. Arrastran público. Eso las convierte en una perita en dulce para los empresarios. Se puede ver en las programaciones de salas y teatros de Galicia. Cuando no es el tributo a Queen, es a Abba. Y si no acuden unos replicantes de U2, lo hacen otros que calcan a los Pink Floyd de la mejor época. Cada vez con mayor presencia. Cada vez con mayor respuesta de quienes pasan por taquilla y terminan de redondear empresarialmente el fenómeno. ¿Por qué? ¿Qué está pasando aquí?

«Yo creo sobre todo que hay nostalgia hacia bandas que no existen y que no puedes ver en directo. Hacerlo a través de una banda tributo es como viajar en el tiempo», dice Óscar Rosende. Lidera Brothers In Band, un tributo a Dire Straits con cifras de vértigo. Este año han dado 45 conciertos, incluyendo Francia y Alemania. El teatro entre 1000 y 2000 personas se ha convertido en su hábitat. Se trata de un caso especialmente feliz. Los Suaves aparte, cuesta encontrar una banda de rock gallega con números similares.

Esto ha provocado cierta tensión entre los músicos de bandas con repertorio propio. Ven como este tipo de formaciones gozan cada vez de mayor espacio en las programaciones que otrora se reservaban a grupos convencionales. Se trata de cosas que se dicen por la boca pequeña, en corrillos de bar o en calentones en redes sociales. Eduardo Herrero, que estuvo en los dos lados (tributando a Bob Dylan con The Highlights y ahora con su proyecto En Casa del Herrero) lo confirma: «Existen ciertos sectores de creación propia un tanto hostiles con los tributos, igual que hay tributos que están a la defensiva». Y da en la clave: «A alguna gente le molesta el éxito de los tributos, no los tributos en sí. Gente a la que le indigna que dos o tres o diez mil personas se gasten veinte euros en ver a un señor argentino disfrazado de Freddie Mercury que habla en inglés entre canción y canción».

El vigués Oscar Avendaño, además de su proyecto en solitario, toca en Siniestro Total. No tiene pelos en la lengua. Dispara: «Puedo entender perfectamente que un músico se meta en un grupo tributo: seguramente va a ganar bastante más dinero. Pero claro, si lo haces tienes que admitir que te has convertido en un sucedáneo, sin más. No intentes que se te respete como a alguien que pone toda la carne en el asador». Javier Prado, de Moondogs Blues Party y O Cadelo Lunático va más allá. Habla de fuga de cerebros: «Hay músicos de gran talento que necesitan ganarse la vida, pero no quieren hacerlo en las orquestas de verbena y acaban dejando los proyectos más personales para imitar a sus ídolos de juventud».

Muchos de estos grupos funcionan estupendamente. Los programadores lo saben. Carlos Landeira, responsable de los conciertos del Playa Club, da su visión: «En nuestro contexto llegan grupos de nivel medio alto, con músicos muy preparados y una difusión muy fuerte. Logran aforos a los que no llegan el 80% de los grupos de pop y de tendencias». Derriba mitos: «Son públicos diferentes. No creo que se solape el grupo que va a un tributo a AC/DC con el de una banda con repertorio propio». Oscar Rosende ahonda en ese aspecto: «¿La Orquesta Sinfónica de Galicia le quita terreno a John Williams? Pues en nuestro caso ocurre lo mismo. Ni quitamos ni espacio, ni público».

No se ve igual al otro lado. Javier Prado lo expone: «Una banda novel lo tiene muy difícil al lado de estas bandas tributo, ya que ahora mismo ocupan un espacio importante debido al interés del público que con una franja de edad de entre 35 a 45 años disfruta yendo a conciertos en los que escuchar melodías de juventud. Parte de ese público no está interesado en nada nuevo». Y Avendaño matiza: «Falta educación. Si el público generalista no fuese tan vago como para preferir ver un sucedáneo de algo que conocen a hacer el esfuerzo intelectual de descubrir cosas nuevas no existiría ese problema. La gente cada ve está más alienada. En los setenta arrasaba en taquilla El Padrino y Taxi Driver. Ahora Tranformers 4. Eso es trasladable a la música».

El futuro, depende desde donde se mire, tiene diferente color. El próximo 19 de noviembre Good Save The Queen, un tributo argentino al grupo de Freddie Mercury, actuará en el Coliseo de A Coruña. El espacio se reserva a propuestas de más de 3.000 personas. En el gremio no se extrañan. «Hay dos bandas tributo a Pink Floyd en Australia que hacen hasta 140 conciertos al año, con tiques de 60 a 100 dólares. A la gente le interesa eso», subraya óscar Rosende que para el 2017 volverá con su banda a Europa. La otra cara de la moneda lan lecturas casi apocalípticas. «Las bandas tributo son para la música lo mismo que Guy Montag lo era para los libros en el comienzo de Farenheit 451, veremos si la gente que las lidera son conscientes de lo que están provocando», concluye Javier Prado.

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