Racismo y violencia en Estados Unidos

Una completa crónica periodística y una potente novela (casi negra) indagan las raíces de la tensión racial que soporta Estados Unidos. Con la explosiva ciudad de Los Ángeles en el punto de mira.


Cualquiera diría que la llegada en enero del 2009 a la presidencia de los Estados Unidos de Barack Obama -un afroamericano, por primera vez- representaba la verdadera prueba de fuego de la madurez de una sociedad que había arrumbado el racismo como un mal sueño que quedará confinado en los libros de historia. Pero no fue suficiente. El pasado es tozudo y su peso no es fácil de sobrellevar. Es más, durante el segundo mandato de Obama, el mal parece haberse reavivado, agravado. Muertes de ciudadanos negros a manos de policías -difícilmente explicables- y la réplica posterior por parte de un francotirador o un demente. En fin, pura justicia tribal -ojo por ojo, diente por diente-, como frecuentemente ocurría en el Lejano Oeste con el imperio de la ley del talión. La Ley de Derechos Civiles -suscrita en 1964 por Lyndon B. Johnson y que prohibía la discriminación por motivos de raza- semeja papel mojado y el mensaje beligerante de Malcom X parece recuperar su vigencia. ¿Sigue siendo Watts un gueto? La revuelta violenta y los saqueos de mediados de los años sesenta se reeditaron en 1992 tras el indulto de los agentes de policía en Los Ángeles responsables de la salvaje agresión a Rodney King. En el 2014 los disturbios asolaron Ferguson (Misuri) tras el asesinato del joven Michael Brown a manos de un policía blanco, que fue exonerado.

Los recientes casos de Alton Sterling y Philando Castile, también muertos, en Luisiana y Minesota, respectivamente, han provocado protestas masivas y brutales acciones de venganza que se cobraron la vida de varios agentes de policía tiroteados en Dallas y Baton Rouge. Y estos son solo algunos ejemplos destacados. La tensión racial sigue creciendo.

No resulta sencillo de entender que esto perviva o vaya en aumento. El análisis debe ser, por tanto, sosegado y riguroso. Como el que emprende la reportera Jill Leovy (Sidney, Australia, 1953) en su crónica Muerte en el gueto. Una epidemia de homicidios en EE.UU. (2015), que trajo recientemente al castellano el combativo sello Capitán Swing y que -tras anotar que el 83% de las muertes violentas de los negros ocurren a manos de otro negro- advierte este incremento de la violencia policial hacia la comunidad afroamericana. Leovy abrió en el 2007 un blog en Los Angeles Times -Informe de homicidios- en el que trazó una crónica de los 845 homicidios acaecidos en el condado angelino, en un intento de esclarecer las razones de tanto crimen y, sobre todo, de tanta impunidad. Y la periodista habla con conocimiento de causa, su relato nace del ejercicio de pisar la calle, entre agentes de policías y entre el pueblo. Pero la estadística y el informe son fríos, y es cuando aborda el caso del asesinato del joven Bryant Tennelle que convierte el ensayo en una novela vibrante.

Más novela aun es Seis días (también de 2015), una obra de ficción, aunque pegada a la realidad, en la que Ryan Gattis relata una historia de violencia de bandas callejeras latinas con el telón de fondo de un Los Ángeles incendiado por los citados disturbios de 1992. Gattis entrega el timón de la narración a distintas voces protagonistas (17), cuya perspectiva conforma un puzzle completo y palpitante de la vida al límite en una ciudad en llamas. El autor, como Leovy, acudió a las fuentes, se empapó de la verdad, no encerrándose en la penumbra de la hemeroteca sino entrevistando a actores y testigos de aquella batalla campal.

Seis días. Novela. Ryan Gattis. Traducción de Javier Calvo. Editorial Seix Barral. 494 páginas. 22 euros

Muerte en el Gueto. Una epidemia de homicidios en EE:UU. Crónica. Jill Leovy. Traducción de Ethel Odriozola y Marta Malo. Capitán Swing Libros. 351 páginas. 22 euros

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