Las mil cartas de amor de D'Annunzio


El crítico Luigi Trompeo dijo que es «el epistolario de amor más hermoso de todos los tiempos». Quién sabe. Es más: qué importa el puesto en el ránking. Pero sin duda las más de mil cartas que Gabriele d?Annunzio escribió a su amante Elvira Leoni entre el 8 de junio de 1887 y el 18 de noviembre de 1892 componen una intensa y bella novela de amor. El sello Fórcola, con una cuidada edición de Amelia Pérez de Villar, publica por primera vez en castellano este epistolario, No dejaría nunca de escribirte, que no salió a la luz al completo en italiano hasta el muy reciente 2008.

Se conocieron el 2 de abril de 1887 en el Circolo Artistico de Roma. Él sumaba 24 años, y ella 25. Ambos estaban desencantados de sus matrimonios y estalló una relación plagada de encuentros y desencuentros que podemos leer ahora como un relato de un amor finisecular, a contracorriente y desbocado.

Lo primero que hace D?Annunzio es cambiarle el nombre a Elvira, a la que llamará en sus cartas Bárbara o Barbarella, y que luego será la Ippolita de Triunfo de la muerte, donde el autor refleja buena parte de su explosiva relación. El libro trasluce también algo que subraya Amelia Pérez en su meticulosa introducción: cómo d?Annunzio convierte su propia biografía en una obra de arte plagada de acreedores, huidas, amores, maridos cornudos -era un infiel patológico, incluso con sus amantes- y experiencias con el opio y el láudano que completaron la existencia de un dandi que abandonó su trabajo en el diario La Tribuna para escapar de la «miserabile fatica quotidiana» y volcarse en la literatura.

Es esta, como suele acontecer con todas las aventuras entre dos seres humanos, una crónica de amor y desamor, que fluye desde el erotismo desatado de las primeras páginas -con párrafos que rozan la pura pornografía- a la extinción última de todos los fuegos carnales (y mentales) donde desembocan irremisiblemente las relaciones sin salida.

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