Jerry González: «El flamenco, como el jazz, es un lamento humano y eso suena igual en todo el mundo»

Parapetados bajo el ala negra de su sombrero, los ojos de Jerry González aún reflejan destellos de ilusión. en cada surco de sus inquietas manos lleva escrito un episodio del último medio siglo de historia del latin jazz. Ahora, desde su retiro en Vigo, prepara una gira mundial al tiempo que aguarda que, el próximo jueves, el disco «Entre 20 aguas», en el que participa, se lleve el Grammy Latino.


Con 20 años formaba parte de la banda de Dizzy Gillespie y desde entonces no ha dejado de tocar con los más grandes. De Chet Baker a Tito Puente. A finales de los 70 fundó la mítica Fort Apache, banda imprescindible en la escena del jazz contemporáneo. Con el cambio de siglo llegó a España de la mano de Fernando Trueba y su Calle 54. Y aquí descubrió el flamenco y otro modo de vivir. Hace un par de años se asentó en Vigo, de donde es su pareja. Desde su refugio en Bouzas ultima una gira mundial con la que en el 2016 conmemorará sus 50 años en la música.

¿Cuánto ha influido su infancia en el Bronx en su posterior quehacer musical?

Todo. Había muchos tamboreros en los parques y muchos afroamericanos y latinos improvisando jazz. Había música por todas partes. Cuando mis padres se marchaban de casa ponía a todo volumen los discos de Charlie Parker y Louis Armstrong. Esos me jodieron la cabeza (se ríe).

¿Qué supuso «Calle 54» para el jazz latino?

Nos hizo visibles. Yo no sabía que aquí casi nadie sabía de nosotros. Y después de la película, olvídate. Donde quiera que fuésemos en España, todo el mundo nos conocía. Era impresionante.

Ya en España conecta con el mundo del flamenco...

Sí, con Javier Limón, Niño Josele, Diego El Cigala... Y me trataron como familia.

¿Y descubrió muchas conexiones entre el mundo del flamenco y el del jazz?

Sí, el mundo del flamenco lo encuentro igual al de la comunidad de blues de América. Y también veo muchas cosas en común entre el flamenco y el estilo de vida en Puerto Rico.

¿Y musicalmente?

Es un lamento humano. Y eso suena igual en cualquier parte del mundo. Puedes ser indio, gitano o de Mali.

Ha tocado y grabado con casi todos los grandes del flamenco. ¿Quién le queda pendiente?

Es una pena que Camarón muriera antes de llegar yo. Seguro que habríamos tenido un interesante encuentro.

¿Cómo fue su colaboración con Paco de Lucía?

Muy bien. Era bien amable. Improvisé un solo de trompeta para su disco Cositas buenas. Paco lo escuchó y lo hizo también él con su guitarra para incorporarlo a la canción. Para mí fue un honor.

El disco colectivo de homenaje a Paco de Lucía en el que participa está nominado a los Grammys Latinos. Usted ya ha estado nominado en otras siete ocasiones. A estas alturas, ¿le hace ilusión ganarlo o ya le da un poco igual?

Estaría bien pero no vivo para eso. Ya tengo muchas medallitas en la pared. La primera vez que me nominaron flipé. No esperaba eso nunca. Ni siquiera tenía dinero para ir a California, que era donde se entregaba. Después he ido descubriendo que las discográficas con más poder son quienes se lo acaban llevando.

¿Qué es lo que más valora de vivir en España?

La gente y la comida. Posiblemente me pasaría lo mismo si me hubiese ido a África o a Japón. Allá donde voy me mezclo con la gente y algo muy especial se forma.

¿Echa de menos Nueva York?

Bueno... Es una ciudad única, en la que hay tanta energía y tantas cosas creativas pasando a la vez... Necesito ir cada año. Acabo de estar tocando una semana en el Blue Note Jazz Club. Pero aquí he encontrado otras cosas (sonríe y mira a su hija Giulia, de poco más de un año, que corretea en torno a la mesa).

¿Hay fronteras o límites a la hora de fusionar músicas?

No. La única frontera es lo que uno lleva dentro y su capacidad de improvisación.

¿Por qué cree que los jóvenes latinos han sustituido ahora el jazz por el reguetón?

El reguetón es producto de la cultura del dinero y de la falta de programas de educación musical. Las discográficas han visto ahí el negocio. De todos modos, el jazz nunca fue la música mayoritaria de la comunidad latina. Si acaso, lo fue la salsa.

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