Lourenzá, las fabas y Salvador de Lorenzana


Cualquier momento es bueno para visitar Lourenzá, pero lo propio es hacerlo ahora, cuando aquel valle fértil ofrece al mundo su producto más peculiar, la faba, que tiene su fiesta entre hoy y el domingo. Los mejores chefs de España las buscan frescas, para acompañar almejas, o carnes de caza, o guisos vegetales en los que sueltan más ligera la personalidad de su fécula. ¡Qué mejor paseo que el que remata al llegar a casa con un saquete de recuerdos como estos, de los que reviven al pasar por la olla!

La capital del municipio deja ver su origen monacal, del siglo X, aunque el actual monasterio de San Salvador es del barroco. La fachada es un hermoso ensayo del estilo que estalla, como los fuegos del Apóstol, en la fachada del Obradoiro. El monasterio alberga un museo de arte sacro que debe visitarse, y también deja espacio a la casa consistorial, lo que es una manera práctica de conservar las viejas piedras. Subiendo junto al arroyo que riega el valle por su borde oriental, un paseo de solo cuatro kilómetros nos lleva hasta el pazo de Tovar, curiosa edificación del siglo XVI que fue pasando de fortaleza a mansión: ideal para admirar el paisaje agrícola. Lástima que don Paco Fernández del Riego, tal vez reencarnación galleguista y culta del conde santo que fundó Lourenzá, hablara tan poco de sí mismo y de su tierra natal. Sí citó la «clara e leda vila» y las «encostas de prósperas carballeiras, de glaucos prados». Si nos hubiera dejado más guía, intentaríamos visitar Lourenzá como él recorría Galicia, acompañado siempre de un cortejo de sabios, incluso cuando caminaba solo.

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