Por la sierra que habla, entre Mañón y Ortigueira


Los que hayan frecuentado la montaña gallega saben que el camino más cómodo para desplazarse a larga distancia es el que va por las cumbres redondeadas. Hubo un tiempo en que aquellos caminos iban más allá, hasta el más allá. Esto se puede ver aún en lo alto de la dorsal que separa Ortigueira de Mañón, las sierras de Faladoira y Coriscada, donde el antiquísimo sendero de las cumbres zigzaguea entre enterramientos megalíticos, como si los muertos quisieran guardar los pasos de los vivos. La vía, el camiño dos Arrieiros, se puede explorar con la precaución de llevar buen calzado, pues la modernidad eólica no ha acabado con la humedad permanente de las turberas de altura.

En la mayoría de los mapas, la sierra se llama Faladoira, pero algunos historiadores proponen Faladora, que es como lo pronunciaban los viejos. Ya que por las cumbres circulaban las recuas, llevando cargas entre As Pontes y Bares, se interpreta que era aquella la vía afaladoira, donde se afalaba o arreaba a las bestias. Pero el viejo Vicetto defiende que es Faladora, porque habla. Y no habla el eco, sino el fantasma de doña Hildefrida, infiel a su marido, el rey suevo Remismundo, que mandó enterrarla viva en aquellas soledades, y que aún se lamenta de su destino muchas noches de niebla.   

La sierra podría rebautizarse como Zoadoira, por el zumbido de los molinos de viento. Pero la tarde húmeda que circulamos por allí, con el aire casi quieto, antes de bajar al pequeño paraíso de Grañas do Sor, no se sabía bien si un rumor que venía de lejos era el eco de una sierra mecánica o un triste quejido con acento germánico.

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