Relatos creativos en territorio barroco

Mercedes Rozas

FUGAS

CEDIDA

Veinticuatro artistas intervienen las estancias del Pazo de Tor, siguiendo la línea expositiva de convocar al pasado desde la fotografía, instalación, pintura, dibujo o vídeo 

24 jul 2015 . Actualizado a las 05:20 h.

Hace tiempo que se acabaron los pedestales y, con ellos, la prepotencia de las obras que pujaban por las alturas para distinguirse del espacio circundante. Los límites se han disipado hasta tal punto que los objetos artísticos se integran en los territorios, diluyéndose en cómplice armonía con ellos. El arte contemporáneo habita la naturaleza o la arquitectura articulando un nuevo canon que, a veces, como aquí, propicia el diálogo con el pasado.

Las nuevas generaciones de artistas intuyen que en esa dialéctica existe un rico filón que alberga nuevas narrativas dependiendo del emplazamiento al uso y de la empatía creativa. Semeja que autores como los que ahora exponen en el Pazo de Tor se reconocen en aquella «cita secreta», de la que hablaba Walter Benjamin, «entre las generaciones que fueron y la nuestra», apoyándose en la idea de que «nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia». En la antigua y señorial casa del Concello de Monforte de Lemos, desde el mismo momento que las estrategias contemporáneas entran en sus estancias, se provoca el acto performativo de destruir la frontera entre el arte y la vida, reuniendo bajo el mismo techo al pasado y al presente. Esas intervenciones, que se refugian agazapadas entre el lino, encima de una mesa de billar, debajo de un mueble o en una vieja bañera de porcelana, se identifican con el propio medio y acaban por crear una obra per se.

La comisaria Chus Martínez Domínguez congrega artistas que se apropian de habitaciones y alpendres para provocar ese encuentro colectivo del espacio con la creación artística, una creación de soportes y conceptos diversos, así como de procedimientos nada convencionales. La fotografía, instalación, pintura, dibujo o vídeo alimentan la mirada poética que reivindica lo actual sustentando la memoria. Cada artista ha adaptado su propuesta al lugar con obra ya producida o bien realizada ex profeso. El conjunto, basado en la pluralidad de iniciativas, resulta atractivo y entretenido.

La ironía, la crítica o la simple vinculación plástica a la carga histórica del lugar sirven de reflexión. En esta sincronía de tiempos, Jacobo Bugarín incluso se atreve a meter literalmente en su obra a la guía del pazo, lo que da idea de la búsqueda de la identidad total con el inmueble, mientras Montse Rego pone en solfa estereotipos de género o Andrea Costas proyecta con la fotografía de Helena Janeiro, «bañada» en patatas, el mensaje visual de lo cotidiano reflejado desde la desnudez del cuerpo. Motivos, discursos, crónicas, gestos que construyen una nueva realidad dentro de otra anterior. Planteamientos que se van hilando con la pulsión de la literatura de Anxos Sumai que con pinceladas sobre la vida aporta poesía a la secuencia sensible de esta exposición. La cita renueva con éxito los criterios de actuaciones ya conocidas como la Documenta de Kassel de 2007 o las intervenciones de Jeff Koons, Takashi Murakami, Giuseppe Penone y Joana Vasconcelos en el Palacio de Versalles, criterios que siguen la idea de mantener el diálogo abierto del arte contemporáneo con el pasado. Beatriz Lobo, Chelo Matesanz, Juan Carlos Román, Montse Rego, Victoria Diehl, Marta Bran, Eduardo Valiña..., así hasta 24 artistas reviven actualizados dichos criterios, enfrentándose ahora al barroco espacio-contenedor del Pazo de Tor.