Marina, en un mundo que se extingue

Acantilado publica los caóticos diarios moscovitas de Tsvietáieva, apuntes de la desolación de una mirada que capta cómo la revolución bolchevique destruye todo lo que ama


La incandescente poesía de Marina Tsvietáieva (Moscú, 1892-Yelábuga, Tartaristán, 1941) está siempre presente en su prosa y también en estos diarios moscovitas, un volumen que contiene escritos que datan del período 1917-1919, y que se inician con el viaje en tren hacia la capital desde Crimea, con las noticias de los miles de muertos punteando ese horrible periplo. Otra cosa es que la poesía haya que buscarla entre una especie de nebulosa, de caos, el desorden propio de aquellos años convulsos, de la urgencia del hambre, de la soledad, del miedo, del frío, de la muerte acechante.

Tsvietáieva utiliza el diario como terapia, como apoyo privado para soportar el trágico derrumbe de su mundo, por eso su contenido es un tesoro de intimidad, un secreto cauce que la ayuda a vadear penosamente aquella inundación que supuso la revolución rusa, que puso fin a la escena idílica y privilegiada en que se había criado y educado (entre una élite cultural). En la dificultad estructural de estos textos ?exquisitamente vertidos al castellano por Selma Ancira para el sello Acantilado? puede naufragar el lector no avisado, pero el que gusta de la aventura, el paciente, hallará destellos de ternura, de humor, de enfado, de dolor, de sabiduría que con su chispeante poder compensarán al espíritu lector anhelante de verdad, de vida ?de poesía, en suma?. Más allá de su implacable mirada crítica sobre el furor bolchevique, las escenas del hambre resultan especialmente desgarradoras como también lo son las lúcidas reflexiones sobre la guerra con las que cierra el volumen: «No es Alexandr Blok ? contra Rainer Maria Rilke, sino ametralladora contra ametralladora. No es Alexandr Scriabin ? contra Richard Wagner, sino acorazado contra acorazado. Si resultara muerto Blok ? lloraría a Blok (a la mejor Rusia), si resultara muerto Rilke ? lloraría a Rilke (a la mejor Alemania), y ninguna victoria, nuestra o suya, me consolaría». [O también] «La política es sin duda una infamia, y de ella no se pueden esperar más que infamias. Con la ética - ¡a la política! / Que la infamia sea alemana o rusa ? no veo la diferencia. Y nadie la puede ver. Si la Internacional ? es un mal, el Mal es internacional».

Una vez más, la voz de Tsvietáieva deja huella. En unas leves pisadas, pero definitivas.

Diarios de la revolución de 1917. Marina Tsvietáieva. Traducción de Selma Ancira. Acantilado. 224 páginas. 14 euros

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