«Eso del malditismo me la suda, hace años que morí y resucité»

En el mejor momento de su carrera (2014), el líder de Extremoduro se muestra como un tipo reflexivo, dispuesto a hablar de todo


A Robe Iniesta parece sentarle bien el norte. Desde que se instaló en el País Vasco, de la mano de Iñaki Uoho, parte fundamental de Extremoduro, la banda no ha dejado de tirar hacia arriba superándolo todo. Los continuos cambios, los tópicos excesos, una sequía de cinco años, incluso la crisis de la industria se atempera ante una gente capaz de seguir vendiendo discos a puñados y agotar entradas contra viento y marea. Más de 80.000 colocadas ya de esta gira Para Todos Los Públicos con la que mañana desembarcan en el Coliseum.

-Se suele hablar de momentos dulces. Extremoduro parece estar en un azucarillo.

-Después de aquellos cinco años que me tiré sin poder componer, tener canciones que hacer y que a la gente le vayan gustando es dulcísimo. La respuesta en los conciertos, porque es ahí donde compruebas cómo funcionan las canciones, es muy importante. No estar viviendo de los éxitos del pasado, sino llegar a gente nueva. Gente muy joven, que cada año me sorprende más. No sé si me hago yo viejo, pero cada vez me parecen más jovencitos, con buen rollo y muy bien.

-El disco, «Para Todos Los Públicos», recupera un muy buen tono, más cañero. ¿La gira lo está siendo también?

-No es el montón de gente de la gira del 2012, en la que había conciertos demasiado grandes. Yo no soy de esos que dicen que echan de menos las salas pequeñas. A mí me gusta poder llevar una parte técnica buena. Y en las salas es difícil llevar un equipo bueno, sonido, luces. Cinco mil, diez mil, son cifras de gente que, sin ser demasiado grandes, te permiten hacer cosas.

-¿Y aquello de la cercanía al público en la sala pequeña?

-Para mí eso de la cercanía de las salas es una memez, a mí no me separan del público dos metros menos que cinco. Además, en los conciertos se crea una cosa que no se crea en las salas. Esa empatía más parecida al fútbol, cinco mil tíos botando al mismo tiempo... Lo mismo que te digo que si la cosa se va a treinta mil personas, como ha pasado, empiezan a aparecer las desventajas. Servicios, entradas, barras... Todo saturado, incómodo. Y demasiada responsabilidad.

-¿Cómo es eso?

-Nos pusimos a mirar el concierto de Bilbao, porque ahora con la venta anticipada puedes saber de dónde ha sacado la gente las entradas. Muchos más de la mitad eran de fuera, de todos lados. En el 2012 tuve problemas de garganta y estuve pensando en suspender. Pero dices, les hago una putada. Les has hecho viajar tanto, se han tenido que coger hotel o lo que sea... Así que cantas con la voz a medias. Esta gira es más llevadera, conciertos menos grandes pero muy chulos, con algún fin de semana libre para poder aplazar si hay algún problema. Da más trabajo así y tiene sus pegas, pero es mucho mejor para la gente y a nosotros también nos parece mejor.

-Hay un tema nuevo, «Canta La Rana», que pedís que el personal no grabe en cada concierto para que sea una sorpresa. Pero ya está en Internet. Imposible, ¿no?

-Imposible no hay nada. Yo sigo pidiendo a la gente que no lo grabe. La gente tiene que comprender que igual que en un teatro no te permiten grabar, no puedes llegar a un concierto de rock y por la simple impunidad pensar que eso se puede hacer. El teléfono es un invento que da impunidad, pero no quiere decir que esté bien. Una noche de tormenta puedes robarle a una vieja en un rincón oscuro, pero eso no puede ser. Eso de la cultura gratis no lo justifica todo. Que un trabajo tuyo la gente lo escuche con mala imagen y mal sonido, no como lo has preparado, te jode y te da pena. ¿Pero qué pasa, que no puedo tocar nada nuevo? Así que lo hacemos. Y hay gente que se da cuenta y no lo graba. Así que no habremos ganado la guerra, pero sí una batalla.

-Eso me recuerda un concierto en Pontevedra que paraste porque alguien tiró algo al escenario. Complicado...

-Parece que la gente se hace una pequeña regresión en la masa y vuelve a chimpancé. Eso no se puede hacer, tiene que haber respeto. Sí es complicado, pero los músicos y los poetas estamos ahí para hacer pensar. Aunque alguno meta la pata, la mayoría entiende las cosas cuando se le explican razonablemente. Hay que avanzar hacia una sociedad en la que no todo tenga que estar lleno de barreras y policías.

-¿Qué pasó al final con lo de los discos robados?

-Son dos problemas que se juntaron. A un tío que no era el más listo de la clase se le ocurrió robar los discos en la fábrica en la que curraba. Luego se anunció en la web para venderlos no sé si a diez euros.

-¿Pero el disco físico?

-Sí, sí, qué cabeza hay que tener, fíjate. Claro, nos pusimos en contacto con él y no sabemos si él mismo, por mosqueo, o alguien al que se lo había vendido, el caso es que el disco acabó saltando a la Red.

-Y el tío, el primer detenido por filtración musical.

-Nosotros no lo denunciamos. Si nos lo hubiese quitado del estudio sí lo hubiésemos denunciado nosotros, porque a mí si me roban no llamo a Batman, llamo a la policía, como todo el mundo. Pero se lo robaron a la compañía, cuando ya no estaba en nuestro poder. No sé, es una cuestión de concienciación. Llegará un día en el que la gente deje de bajarse cosas por la cara, pero no creo que la prohibición tenga que ser el camino. Si vas a un bar no te largas sin pagar porque el tío de la barra salga detrás de ti. -Esta Red tiene más peligro para el músico que los tiburones en el mar. -Bueno, a nosotros nos ha ayudado. No habríamos ido a Sudamérica si la gente no nos hubiese conocido a través de Internet. Pese a ser una multinacional, Warner nunca se molestó en sacar nuestros discos allí. Es inexplicable. La Red puede ayudar en ciertas cosas, pero las compañías también hacían su papel, porque antes, cuando conseguías una casa, tenías mucha parte del camino hecho. Te daba una promoción, te apoyaba. En ese sentido los grupos nuevos lo tienen más difícil, porque las compañías ahora ni te pagan la grabación. Se la tienes que dar por la puta cara y además tienen la jeta de pedirte dinero por los directos.

-Por cierto, ¿pesa el nombre de Extremoduro? Toda esa leyenda del malditismo...

-Todo el tema del malditismo me da un poco igual, hace muchos años que morí y resucité. Y también la presión de tener que hacer trabajos con un corsé, porque tenemos la suerte de hacer lo que queremos. Nada nos obliga a que haya que decir esto es rock duro y no cabe otra cosa.

-Lo digo porque se habla de un disco nuevo, que no se lanzaría con Extremoduro.

-Siempre he hecho proyectos paralelos, algunos han llegado a donde tenían que llegar y otros no. Vi el momento, Uoho estaba mezclando, me apetecía y pudimos hacerlo. Es un disco aparte, no con Extremoduro, que saldrá al acabar la gira.

-Ya que estamos, ¿por qué merecería la pena arder en la hoguera?

-Por acabar con el borreguismo que nos entra cuando somos muchos. No hay que darse por vencido. Ganar o perder da un poco igual. Lo importante es luchar y tener un espíritu combativo. No hablo de violencia, sino de no rendirse. Arder en la hoguera por lo que crees es bueno.

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