Mihajlo Andric, jugador del Breogán: «Nunca me fijé en mí mismo, de pequeño nunca quise ser el máximo anotador»

MILLÁN GÓMEZ LUGO

FORZA BREO

Mihajlo Andric, celebrando en el Pazo la victoria contra el Unicaja
Mihajlo Andric, celebrando en el Pazo la victoria contra el Unicaja Manuel Guede Lamas

El ala-pívot aportó 22 puntos contra el Unicaja Málaga, su récord en la ACB

09 ene 2026 . Actualizado a las 19:15 h.

Mihajlo Andric (Kragujevac, Serbia, 1994) promedia 8,5 puntos, 2,6 rebotes, 1,1 asistencias y 0,9 recuperaciones en 10 partidos en el Breogán con un estratosférico 55,3% de efectividad en los triples. Batió su récord de puntos (22), triples (6) y valoración (21) en la victoria contra el Unicaja Málaga el pasado sábado en el Pazo (98-82). Un ala-pívot con notable capacidad de pase y especialista en el triple. Su Breogán visita al Bàsquet Manresa en el Nou Congost este sábado (21.00 horas, DAZN).

—¿Cómo se siente en el Breogán?

—Me siento bien, nos encanta Lugo, a mi familia le encanta estar aquí, así que me siento bien. Todo está genial.

—¿Cómo vivió el partido del sábado?

—Increíble, sí. Fue un partido increíble contra un gran equipo. Era un gran, gran rival, contra un equipo que en las últimas tres temporadas lo ha ganado prácticamente todo, así que, sí, una gran victoria para nosotros, un gran partido, un gran apoyo de la afición. La afición estuvo con nosotros durante todo el partido como un sexto jugador. El partido lo ganamos juntos.

—¿En los últimos momentos fue consciente que estaba jugando su partido con mayor anotación en sus 44 partidos en la Liga ACB?

—No, no estaba pensando en eso. Simplemente durante el partido intentas concentrarte en el juego y en las cuestiones que tienes que hacer, como en la defensa y en el ataque. ¡Hay tantas cuestiones en las que tienes que concentrarte, así que simplemente juegas!

—Anotó seis triples el pasado sábado. ¿Es confianza, es trabajo o una mezcla de ambos factores?

—Sí, es todo, es una mezcla de prácticamente todo. Me siento bien. Los entrenadores y el personal que tenemos son increíbles y mis compañeros de equipo son increíbles. Es una mezcla de todo. Y, por supuesto, un ambiente genial en el Pazo.

—¿Cómo fueron esas semanas en las que usted estaba en el equipo junto a Dario Dreznjak? Usted ficha el 23 de septiembre y él rescinde el 13 de octubre.

—Para ser honesto, llegué aquí por un mes, así que mi expectativa en ese momento era solo ayudar al equipo durante el primer mes. Mi expectativa al principio no era reemplazar a nadie. Me ficharon como refuerzo por un mes para ayudarles en la pretemporada. Yo no tenía equipo, estaba en conversaciones con otros equipos, pero no firmé, así que necesitaban a alguien por un mes. Llegué aquí y eso fue todo. Al final, después de ese mes, el club tuvo una opción y decidió continuar conmigo. No hubo nada malo entre Darío y yo.

—¿Cómo es jugar en el Pazo como local?

—Es genial. La afición está 100% involucrada en el partido. El Pazo siempre está lleno, así que están involucrados, entienden de baloncesto. Intentan ayudar al equipo siempre, en todo momento, así que es genial tenerlos.

—¿Qué le pide Luis Casimiro a nivel táctico?

—Como todos los demás. Quizás tengamos roles especiales dependiendo del personal y dependiendo de las cuestiones que mejor hacemos en nuestro juego, pero, en general, nada especial como con los otros compañeros. Simplemente jugar duro y respetar las reglas del equipo, respetar las posiciones en la cancha.

—¿Cómo es Luis Casimiro como entrenador y como persona?

—Es una gran persona, un gran entrenador. Llevo tres meses de experiencia con él. No sé si va a cambiar (se ríe). Bromas aparte, es un gran entrenador. Es uno de los tres mejores entrenadores que he tenido en mi vida. Es uno de los mejores que he tenido.

—¿Trabaja con Víctor Pérez, especialista en pívots y en ala-pívots?

—Trabajo con Víctor todo el tiempo. Víctor juega principalmente con los pívots. Intento jugar más desde fuera. Juego de cuatro, pero mi juego se basa principalmente desde fuera de la línea de tres puntos. No soy el mejor finalizador del mundo, no soy el mejor bajo el aro, pero sí desde fuera.

—¿Tiene una rutina diaria con el tiro de tres puntos?

—Realmente no. Depende de cómo me sienta. Hay días en los que te sientes de una manera o te sientes de otra. Intento seguir mi estado de ánimo. Si no me siento bien o estoy un poco enfermo, necesito descansar y, entonces, descanso. Cuando me vienen a la mente un par de tiros, necesito arreglar algo. Algo me viene a la mente y necesito trabajar en ello. A veces necesito quedarme más tiempo para entrenar, pero no es una rutina que siga.

—Tiene una notable capacidad para leer el juego, pasar y doblar el balón. ¿Fue aprendiendo esta habilidad durante tu carrera o cómo está siendo el proceso?

—Es una mezcla de todo. Se aprende baloncesto cada año, cada día, cada temporada. Empecé con una base muy buena como jugador, siempre fui así. Quizás también fue mi debilidad al principio porque nunca me fijé en mí mismo. De pequeño nunca quise ser el máximo anotador del equipo. Nunca me esforcé por conseguirlo. Siempre intentaba jugar el mejor baloncesto en cada momento. Si soy yo el que tira, soy yo el que tira, pero si veo a un jugador libre siempre voy a pasar el balón. Eso es lo que aprendí. Durante años, en muchas ligas en las que jugué aprendí las reglas del baloncesto y cómo reaccionan las defensas. Aprendes esto e intentas mejorarlo todo.

—Usted es un ala-pívot y tiene un compañero, Bakary Dibba, que juega en su misma posición. ¿Qué destaca de Bakary?

—Es un gran tipo. Es un chaval joven, necesita aprender mucho. Ya es un buen jugador, es talentoso. Es muy atlético, pero es enérgico. Le aporta mucho al equipo.

—Mi sensación es que tiene ciertas similitudes en la lectura de juego y en el pase con Toni Nakic. ¿Siente lo mismo?

—A mí tampoco me gustan las comparaciones [sonríe]. A quien le guste, ya sea a los aficionados o a quien quiera comparar, que lo haga, pero comparar no es lo mío.

—Pero usted y él sí son un perfil similar de ala-pívot e incluso de alero. ¿No cree?

—Quizás, sí. Ambos somos jugadores exteriores, tiradores. Quizás, en ese sentido, somos parecidos.

—¿Cómo es su vida en Lugo fuera de la cancha?

—Fuera de la cancha es muy agradable. Ahora somos una familia de cuatro. Tenemos dos niños. De hecho, también tenemos un perro. Mi esposa y yo estamos con ellos todo el día. Nos encanta. Vamos a los parques. Nos encantaría que no lloviera demasiado (se ríe) para poder salir un poco más, pero todo lo demás está bien.

—¿Qué destaca de Tito Díaz, el director deportivo?

—Es un tipo tranquilo y gracioso. Siempre está lleno de confianza. El club y todos son como una familia.

—¿Qué aprendió la temporada pasada en el Estudiantes en Primera FEB?

—Sí, es un gran club. Fue una temporada difícil. Fue una temporada muy difícil. Les está costando encontrar el ritmo como club para ascender. Eso es lo que veo todas las temporadas. Han hecho muchos cambios. Cambiamos de entrenador a mitad de temporada después de ocho victorias consecutivas. Ficharon a Natxo Lezkano, que era mi entrenador en Andorra, y me pareció bien que llegara, pero no era el mejor momento. Fue una temporada muy dura en la cancha para nosotros, para mí, para Francis (Alonso). Creíamos que éramos uno de los mejores equipos para ascender.

—Usted fue compañero de Francis Alonso la temporada pasada en el Estudiantes y ahora en el Breogán. ¿Cómo analiza su evolución?

—No cambió mucho, así es su juego. Puede ser muy peligroso para el rival, muy anotador. El estilo de baloncesto a su alrededor cambió, lo que le permitió ser quien es hoy. El balón se mueve mucho y puede encontrar sus tiros. Se mueve mucho esta temporada para que pueda encontrar más tiros. Es un gran tirador, es una gran amenaza. Está jugando muy, muy bien.

—El lucense Iago Castro, ex entrenador ayudante del Breogán, fue su segundo entrenador en el Estudiantes en el tramo final de la temporada pasada. ¿Qué destaca de él?

—Llegó con Lezkano los últimos meses, como dijiste. Es un tipo muy trabajador. Está siempre concentrado en el baloncesto. Le apasiona el baloncesto. Le encanta. Siempre preparaba a cada rival de la mejor manera posible. Es un entrenador genial.

—Hablaba usted de Luis Casimiro como uno de sus tres mejores entrenadores. ¿Quiénes son los otros dos?

—Quizás sea Luis el primero (sonríe). No quiero dejar de mencionar a nadie, pero probablemente son Dusko Vujosevic y Aleksandar Dzikic. Son los mejores entrenadores que he tenido.

—¿Cómo recuerda sus seis temporadas en el Partizán de Belgrado?

—Sí, estuve allí seis temporadas y tres o cuatro más en la cantera, así que, sí, ¡fue genial! Es el club que me vio crecer desde niño y el que yo viví desde niño. Para mí es el mejor club. Hay otro, pero el Partizán es el mejor club de Serbia. También fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera porque el club tenía serios problemas financieros en aquel entonces. Estábamos pasando por momentos muy difíciles, pero también obtuvimos buenos resultados. Ganamos la Copa dos veces contra el Estrella Roja, que en ese momento era un equipo increíble. Teníamos un presupuesto cuatro veces menor que ellos.

—¿Cómo se sintió jugando en la Euroliga? Jugó dieciséis partidos. Jugó muy bien, por ejemplo, en Kaunas y en casa contra Lokomotiv Kuban.

—Sí, era muy joven, así que mi rol era con ese entrenador, Dusko Vujosevic. Le gustaba poner a los jóvenes en el quinteto inicial, así que su idea era que quería respetar el trabajo de los jóvenes y pasábamos unas seis o siete horas diarias en el gimnasio. Si tienes una buena semana te ponía en el quinteto titular y tu rol es básicamente que nadie te gane en el uno contra uno. Si te ganan, comete falta, busca el rebote ofensivo, cierra el rebote defensivo, haz bloqueos defensivos y si te abres, tira. No alteres demasiado el partido. Básicamente, no cometas errores. Y luego, si haces eso, te da la oportunidad de volver a entrar, y así fue. Disfruté cada minuto de esa temporada. Fue una gran temporada, excepto que al final perdimos el título de la Liga Adriática. Por lo demás, estuvo bien.

—En su última temporada en el Partizán fue compañero de Aleksandar Aranitovic. ¿Cómo está siendo su reencuentro con él?

—Fue genial. Sinceramente, lo veo en un estado diferente. No sé cómo decirlo. En aquel entonces, esa temporada fue difícil porque tuvo dos lesiones seguidas, dos ligamentos cruzados anteriores, creo. Y esa temporada se estaba recuperando de la lesión. Y sé cómo fue. Yo también estuve lesionado casi un año y sé que es bastante difícil. Cuando te recuperas, tu médico te dice: «Sí, estás recuperado, pero tu cuerpo ya no es el mismo». Y él sentía eso esa temporada. La situación en el club no ayudó. Fue diferente. Ahora estamos en momentos diferentes y nos sentimos bastante bien los dos.

—Usted jugó en la Liga Adriática, en la Liga Serbia, en la Bundesliga alemana, en la Liga turca y en la Liga griega. ¿Cuál fue su mejor momento fuera de España?

—Fuera de España, tiene que ser Grecia. Me refiero a Grecia y Andorra. Andorra fue genial. Si cuentas Andorra, no sé si la cuentas en España o no (se ríe). Pero fuera de la ACB, es Grecia. Es Grecia y es Kolossos, es Rodas. Tengo muy buenos recuerdos de todas partes. Cuando estaba en Patras nació mi hijo. Incluso en Turquía, de los dos meses que estuve allí, tenemos buenos recuerdos. Pero Rodas es, para mí y mi esposa, la mejor experiencia fue en la isla. Fue durante la pandemia, pero en la isla todo estaba, digamos, abierto. Podíamos caminar por la playa, hacer muchas actividades entre los entrenamientos. Era una vida tranquila para nosotros.

—¿Cuál es la liga más competitiva después de la ACB?

—Probablemente Turquía sea la mejor.

—¿Por qué?

—Tienen buenos equipos. Tienen mejores equipos. En general, tienen mejores equipos que Grecia. Cuando jugué en Grecia solo tenían a Panathinaikos y Olympiakos. El resto de los equipos están bastante igualados, pero en Turquía tienen seis, siete, incluso diez equipos de muy buen nivel.

—¿Cómo fueron sus inicios en el baloncesto en Kragujevac?

—Cuando tenía nueve o diez años era muy aleatorio. Estaba entrenando, estaba jugando al fútbol. Era muy buen portero. Sí, muy bueno. Gané algunos premios individuales a los nueve años en mi ciudad natal a nivel nacional, pero un día vine a ver a un amigo entrenar para esperarlo y así poder ir a jugar juntos. Lo vi durante una hora y el entrenador del equipo de mi ciudad natal me tomó de la mano y me dijo: "Sí, tienes que empezar a jugar al baloncesto". No habló con mis padres. Me dijo: "Tienes que venir, yo me encargaré de ti, no te preocupes, tienes que jugar al baloncesto, dame un mes para demostrártelo". Empecé a jugar. Me enamoré al instante. Y hasta ahora.

—¿Quiénes son los mejores compañeros de equipo que ha tenido en su carrera?

—Bogdan Bogdanovic, sin duda, es el mejor jugador de baloncesto con el que he jugado. Podía hacerlo todo. Recuerdo una eliminatoria de play-off donde promedió unos 32 puntos en cuatro partidos. Las jugadas que hacía mientras jugaba conmigo fueron increíbles. Es el mejor. No tengo duda.