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Tenía como misión no dejar nunca de ser breoganista

Víctor Varela Noreña

FORZA BREO

LOMBARDERO

09 ene 2022 . Actualizado a las 22:30 h.

El baloncesto nos unió, pero después de unos treinta años de amistad, a Ricardo y a mí nos ligaban muchas más cosas. Éramos muy buenos amigos. Siempre mantuvimos la relación. Los dos de Lugo y del Breogán, porque él nació en Mieres pero se consideraba muy lucense, ya que fue la ciudad que escogió para vivir, y además, a partir de un momento de su vida, tenía inyectado un chute de breoganismo, sin nunca poder dejar de ser breoganista. Esa era su misión.

Hevia era un entrenador vocacional. Una de sus frases decía: «Lo peor de ser entrenador es no poder entrenar». Porque, de alguna manera, todos los sinsabores de un técnico, como la presión del público y de la prensa, los llevaba mucho mejor que no poder dirigir. A él lo que le gustaba de verdad era poder entrenar. Dejó de hacerlo porque los años lo llevaron a apartarse, pero su placer sería seguir al pie del cañón. Y en cierto modo lo hizo, escribiendo y narrando partidos. Él baloncesto para él era algo de lo que no podía prescindir.

Ser coach siempre lo consideró como un oficio artesanal que se aprendía básicamente a través de la experiencia. Desde luego, él tuvo mucha. Entrenó muchísimo hasta que dio el salto al profesionalismo de la mano del club lucense.