Todo un clásico


Mañana Manresa y Breogán pisarán el Nou Congost. No será un partido cualquiera, ambos equipos han disputado 50 duelos en la máxima categoría ?20 victorias lucenses, ocho a domicilio?. Está claro, la Liga Endesa recupera todo un clásico. A lo largo de la historia ha habido intercambio de jugadores (Manel Sánchez, Ángel Sevilla y George Singleton, entre otros), incluso llegaron a compartir espónsor a mediados de los años 70, aquella bebida gaseada que los apoyaba anticipó la efervescencia de los dos equipos en la década siguiente. Pero además, pisar el Nou Congost es volver sobre los pasos del gran Joan Chichi Creus que guio al equipo catalán a sus dos grandes proezas: la Copa del Rey en 1996 y el no va más, el título de liga en la temporada 1997-1998, cuando el base catalán tenía 41 años.

Dos décadas después manresanos y lucenses luchan por sobrevivir en la élite. Actualmente parece casi imposible que alguno de los que no están entre los denominados favoritos pueda igualar la gesta de los manresanos, pero aquel campeonato de liga supuso mucho y no solo para el club ganador, fue el reconocimiento al trabajo bien hecho y a un equipo que jugaba como tal. Seguramente todos los aficionados al baloncesto, excepto los del TAU entrenado por Scariolo (rival del Manresa en la final), querían que ganase el conjunto de Luís Casimiro. Aquel campeonato logrado por el club barcelonés supuso un hito en la historia de la liga y un momento mágico para el básquet. Fue la demostración palpable de que incluso los equipos más modestos tienen derecho a soñar y a que se cumplan sus sueños.

Pisar el parqué del Nou Congost también es saborear la historia del deporte de la canasta y recordar al mítico TDK Manresa, uno de los pequeños clubes catalanes que sobrevivió a los 80 después de convivir con otros como el Cacaolat Granollers y el Licor 43 de Santa Coloma. Seguro que muchos recuerdan ese combinado de las bebidas patrocinadoras y que se servía en las discotecas de moda por aquel entonces. Nunca lo llegué a probar. Posiblemente fuese tan dulce como aquella época en la que la madera de muchas canchas tenía tinte oscuro y las canastas colgaban del techo, cuando los amantes del básquet veíamos el Torneo de Navidad del Real Madrid y a Sabonis con la camiseta de la URSS rompiendo el tablero con un mate mientras en casa se preparaba la cena de Nochebuena.

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