Ignacio Vidal-Folch: «El soberanismo lo ha destruido todo»

El escritor regresa en su novela a los escenarios de la caída del comunismo

Vidal-Folch cree que la firmeza del Estado, «no ceder nada», es la respuesta que debe topar el desafío catalán.
Vidal-Folch cree que la firmeza del Estado, «no ceder nada», es la respuesta que debe topar el desafío catalán.

Redacción / La Voz

Ignacio Vidal-Folch (Barcelona, 1952) llega a Galicia con nueva novela bajo el brazo, Pronto seremos felices, en la que regresa a los tiempos de la caída del muro de Berlín, que vivió en los países del Este como corresponsal periodístico. Estará esta tarde en el ciclo A libro abierto, en el MAC, en A Coruña.

-¿Hace coincidir la novela con la celebración de los 25 años de la caída del muro?

-Puede ser oportunismo, pero es un material novelesco en el que trabajo desde hace diez años, escribiendo versiones primerizas, ya publicadas como artículos.

-¿Es memorialismo?

-El libro se presenta como ficción, pero el lector se dirá: ?bueno, todo esto tiene que ser verdad, no puede ser que estos detalles tan hiperrealistas estén inventados?. Una forma extraña de jugar con la ficción y la autenticidad.

-Y hay periodismo.

-Fui corresponsal en Praga. Casualmente llegué allí y cayó el bloque comunista. Entonces recorrí Checoslovaquia, Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Polonia, Albania... Una época de exaltación y estrés, un cambio de régimen. Y he vuelto con asiduidad en estos 25 años y visitado a la gente que conocí, viendo cómo ha cambiado. Cambias más si el que juzga mira desde fuera. Como cuando tienes un niño en casa y no notas que crece.

-¿Cómo notó al niño?

-Una de las cosas que molestaba mucho a la gente del Este era la clara conciencia de una mentira pública sostenida. Aquello de encender la televisión y que les dijeran: ?estamos dejando atrás al mundo capitalista?. Sabían que les estaban mintiendo, lo que se hace insoportable. Y eso se supone que ha desaparecido, que si te engañan hoy hay formas de contraste.

-Siguen siendo engaños.

-Efectivamente, son representaciones. En otras cosas se ha ganado, en nivel de vida, en estabilidad económica, aunque hay segmentos de la sociedad que lo pasan muy mal. Así es la democracia, la vida moderna, el liberalismo, se les intenta consolar. La promesa de prosperidad que se formuló en 1990 ha producido mucho desengaño, mucha angustia.

-El fracaso de los sueños, de los ideales de una juventud.

-Cuando conocí a muchos de estos personajes hace 25 años eran jóvenes. Todo el futuro está ante ti, eres muy crítico con el mundo de los mayores, ves muy claramente que hay cosas muy desagradables, hipocresía. Luego descubres que esa hipocresía es un aceite imprescindible para que la sociedad pueda funcionar. Como dice un amigo mío que fue muy comunista: ?qué suerte que no ganaron los nuestros? [ríe]. Esto te da un relativismo sobre tus propias convicciones y te hace mirar el pasado con más ironía, desapego.

-Ante tal experiencia, ¿cómo valora lo que pasa en Cataluña con la ola de soberanismo?

-Me avergüenza mucho, lo encuentro grotesco y de una vulgaridad espantosa. Cuando estás viviendo en Cataluña, lo desayunas, lo almuerzas y lo cenas. La política y la vida intelectual está polarizada. Lo ha absorbido todo, lo ha destruido todo. Son derrochadores y frívolos. Es como si hubieras sembrado sal en un campo de cultivo.

-Pero ha prendido...

-Ha prendido con la crisis. Pero, desde Pujol, llevamos 35 años de lavado de cerebro: generación tras generación van siendo formados en los colegios y universidades en el desprecio y el odio a lo español. Esto es así, suene facha o suene progre. Y luego está esa fuerza de la naturaleza humana que es la tendencia a la mímesis, hacer lo que el vecino para ahorrarte problemas y estar integrado.

Ignacio Vidal-Folch ESCRITOR QUE PRESENTA «PRONTO SEREMOS FELICES»

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