Una aventura para ellos y para sus familias


El padre y la hermana pequeña están preocupados por si Rihards se despista en el camino que le llevará del instituto, que acaba de terminar, y la universidad. Él asegura que no, que tiene claro que quiere seguir estudiando, y que esta pausa es solo eso, un descanso para aclararse las ideas y decidir su futuro. Desde Letonia se esfuerzan por atraparle en imágenes una vez a la semana, cuando había cogido la costumbre de hablar a través de skype. Pero él quiere distanciar un poco más el contacto con su hogar para evitar que se convierta en una rutina. Está bien en Pontevedra. Se siente protegido y ya está «empezando a entender» el castellano. Lo que más se le resiste, por el momento, es la conjugación verbal y la diferencia entre las preposiciones «por» y «para».

Nora tampoco se asustó a la hora de tomar el avión y mudarse temporalmente a Pontevedra. «No tengo miedo porque entiendo la mayoría de las conversaciones, y me estoy esforzando con el idioma», admite. Por ahora no hay hueco para inseguridades ni para puntos negros en su experiencia: «Todavía no me he enfrentado a ningún aspecto crítico», asegura, y reconoce estar ilusionada con cada parte del proyecto pontevedrés.

También Lorena intenta exprimir cada minuto que pasa aquí. Ya recibió la visita de su madre y su hermana durante el verano. Verla tan protegida y tan contenta las ayudó a quedarse más tranquilas, y a regresar a Cerdeña convencidas de que el año que está pasando en Galicia le va a aportar muchas vivencias positivas. El sol ayudó a crear esa imagen, pero ahora que se ha ido queda todo lo demás, sostiene la joven isleña.

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Una aventura para ellos y para sus familias