Lugo, la ciudad en la que hasta sus fiestas están bajo vigilancia judicial


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En Lugo estalla un año más el San Froilán y en el aire flota, junto al olor a pulpo y churros, un vaho de cansancio social, un tufo de algo que se acaba, una aprensión de final de camino. Hasta la propia fiesta parece amenazada y va ya por el tercer año que se celebra bajo control judicial. Mientras la «ruta del cáncer» sigue tan transitada como siempre, los lucenses se despiertan cada mañana con noticias de remozadas investigaciones de presuntas corrupciones, maldades y miserias. Llega la fiesta más hermosa del otoño gallego y sobre ella pesa la amenaza de su vieja enemiga, la lluvia. Pero pesa aún más esa desalentadora sensación de que algún mago loco, escapado quizá de la barraca de los monstruos, marca el paso a una ciudad que resiste una intensa tormenta de disparates acogida al aguante que le dan sus dos mil años de historia. Pero ahora que es San Froilán conviene agarrarse al consejo de Sartre: «No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro».

La plataforma ciudadana que logró que saliese adelante la iniciativa popular para dotar al hospital de Lugo de los servicios de hemodinámica durante todo el día, radioterapia y medicina nuclear se siente engañada por el PP y por el Gobierno que preside Alberto Núñez Feijoo. No es descartable que, a lo largo de la campaña electoral, la Xunta dé algún paso en la implantación de esos servicios. Pero su credibilidad será la propia de las campañas electorales. Los presidentes de la Federación de Asociaciones, Jesús Vázquez, y de Abre la Muralla, Vicente Quiroga, exponen sin medias tintas la molesta sensación de engaño de la que no logran librarse. Por eso, los promotores de la iniciativa legislativa popular han invitado a 18 políticos gallegos, entre ellos el presidente Feijoo, a recorrer la ruta del cáncer acompañando a algunos enfermos que tienen que transitarla habitualmente. Es una buena ocasión para que los invitados, que representan a los principales partidos gallegos, demuestren de qué pasta están hechos.

A los que, sin que nadie les mande, deciden dedicarse a eso que aún se llama la «cosa pública», les conviene mucho aceptar invitaciones como la que les hacen las asociaciones que reclaman nuevos servicios en el hospital de Lugo. Es más: están obligados. Por razón del cargo, pero también en defensa propia. Por que el propio sistema político-social, al que representan, está en entredicho (Lugo, botón de muestra). Este es su estado: minado por las sospechas de corrupción institucional, crecientemente inútil ante el drama del paro, insensible frente a las rutas del dolor (la del cáncer, por ejemplo) y cuestionada la fiabilidad de servicios cada día más esenciales (caso del centro Antonio Gandoy). Saramago, mirando a la Italia de Berlusconi, declaró en una entrevista en 2009: «(...) no quiere decir que yo tenga esperanza de que nada cambie. Veo pocas conciencias despiertas. Menos mal que hay algunas, porque si no estaría todo perdido». Y también en Lugo hay algunas conciencias despiertas. Por eso a Feijoo le conviene recordar que el HULA existe y que fue aprobada una iniciativa legislativa popular, apoyada por miles y miles de firmes, para dotarlo de hemodinámica 24 horas, radioterapia y medicina nuclear. Y al cabeza de lista del PP en Lugo, Jaime Castiñeira, quizá le interesa hacerse oír de cuando en cuando en defensa de lo que reclama la ciudad de la que, según parece, quiere ser alcalde. Por el mismo motivo, se echa en falta la voz del PP lucense en relación con las obras pendientes del Plan Paradai. Tampoco se escucha en este asunto, al menos no lo suficiente, otra voz con peso en ese convenio: la del presidente de la Diputación, José Ramón Gómez Besteiro.

El socialismo suave que representa Besteiro pasa por momentos difíciles. Tan desnortado como antes de su conferencia política, el PSOE opera, así en Lugo como en resto del territorio nacional, casi en exclusiva como artefacto electoral; y cada vez menos eficiente. Las declaraciones de Pedro Sánchez sobre las víctimas de violencia de género dejan poco lugar a dudas acerca de la gravedad del caso; tanto es así que tres disciplinadas edilas socialistas de Lugo apoyaron una crítica a tales declaraciones mientras estallaba el San Froilán 2014.

Otra vez el aire huele a pulpo en Lugo. Parece que nada ha cambiado, «y sin embargo todo existe de otra manera», escribió Sartre.

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