La «Amanita Phalloides», una seta muy venenosa que crece en el casco urbano

Una variedad de hongo de sabor dulce que puede llegar a matar a quien la ingiere está al alcance de los vigueses


amigos da terra vigo@tierra.org

Pues ya estamos en otoño y ya se sabe, empieza la temporada de setas que este año promete muchas alegrías y algún que otro disgusto. Y de esto se trata, de evitar lo segundo. Si tuviéramos que reconocer una seta, solamente una, e identificarla correctamente, sería importante que fuera esta. Nuestra amiga es la Amanita phalloides, y no es que sea venenosa, sino que directamente es mortal.

Las intoxicaciones por consumo de setas tienen muchos niveles de gravedad, algunas provocan leves molestias sin importancia y otras, como nuestra protagonista, matan, pero en general los primeros síntomas se manifiestan rápidamente, lo cual resulta una gran ayuda, pues si al poco tiempo de pegarnos una zampada de setas vemos que se nos aparece el espíritu de Elvis Presley mientras nuestro estómago empieza a centrifugar a mil revoluciones por minuto podemos deducir que alguno de los hongos consumidos era venenoso y dirigirnos inmediatamente al servicio de urgencias.

Pero el gran problema de nuestra amiga es que los efectos de la intoxicación tardan en presentarse, a veces hasta 40 horas después de su consumo. Pongámonos en situación: nos zampamos la amanita y no notamos nada, y las cosas se ponen mal al día siguiente.

Es fácil que, tras todo un día sin molestias, pensemos que no existe relación entre nuestros síntomas y las setas consumidas el día anterior. Cuando aparecen esos primeros síntomas, en muchos casos, ya es demasiado tarde y, actuando muy rápido, con suerte solo perderemos el hígado, si es que eso se puede considerar buena noticia.

Lo más irónico del caso, por la parte que nos toca, es que según manifestaron antes de protagonizar su propio funeral quienes la probaron (o en el mejor de los casos antes del trasplante de hígado) su dulce sabor es muy agradable, vaya, que te mata pero está muy rica, que una cosa no quita la otra.

Muy común

Por tranquilizar al personal podríamos decir que la simpática Amanita phalloides es una especie escasa, y que sale en lugares recónditos casi inaccesibles, pero va a ser que no. En realidad es muy común y, sin ir más lejos, ni siquiera hace falta salir del casco urbano de Vigo para encontrarla. La primera vez que la vimos en la ciudad, hace unos años, crecía feliz en el jardincillo situado frente a las torres de García Barbón.

Conociendo su historial daría para muchos chistes que salga, justamente, frente al club financiero, y no menos irónico fue encontrarla en O Castro, en los setos que bordean la cruz franquista. Pero también en los parques urbanos de A Guía y Castrelos fue localizada con relativa frecuencia.

Dicho esto, con semejante historial, se nos podría ocurrir llamar al Concello para organizar patrullas fungicidas destinadas a su búsqueda y destrucción sistemática, pero sería muy mala idea. Si alguna vez nos encontramos con la Amanita phalloides en la naturaleza podremos ver que, curiosamente, esta seta mortal presenta frecuentemente señales de haber sido comida.

La explicación es simple: resulta muy tóxica para algunas especies, por ejemplo la nuestra, pero comestible para otras. Pero lo fundamental es que, sin su presencia y la del resto de sus primas, los suelos carecerían de alimento y los árboles no podrían absorberlo, o lo que es lo mismo, la vida desaparecería del planeta.

Las Amanitas phalloides son unas setas que resultan muy venenosas, pero si las comemos (importante matiz, pues no atacan), pero su función ecológica es determinante para la supervivencia de los bosques. El resumen sería que no consideremos la naturaleza en general, y las setas en particular, como un inagotable supermercado puesto única y exclusivamente a nuestra disposición, y que por tanto son nuestros intereses particulares los que determinan que especies son útiles y cuales prescindibles.

Todas las especies, incluida la humana, que ya es decir, cumplen una función imprescindible para la continuidad de la vida y con independencia de que nos resulten más o menos útiles, simpáticas o agradables deben seguir viviendo y cumpliendo su papel pues por pequeño que sea el eslabón de una cadena, si se rompe, destruye la cadena entera, y no pocos eslabones de la cadena ecológica estamos rompiendo consciente, y sobre todo, inconscientemente, la especie humana que solo somos, nada más, que otro eslabón.

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