Nazario de Eguía presidió entre febrero y octubre de 1824 la corporación desde su cargo de jefe político de la provincia de Tui
04 jun 2014 . Actualizado a las 06:00 h.El mariscal de campo Nazario de Eguía presidía la reunión de la corporación del Ayuntamiento de Vigo el 15 de junio de 1824. Ante él, Norberto Velázquez Moreno declaraba la imposibilidad de documentar lo adeudado a las parroquias por las raciones suministradas a las tropas de Pablo Morillo un año antes, cuando el Conde de Cartagena había conquistado la ciudad para la causa absolutista. Lo expresado por el depositario de la hacienda viguesa era una cantidad importante, ya que se refería a una cifra superior a los seis mil reales «en habono de raciones de carne, vino, paja y más que suministró el Ayuntamiento a las tropas del excelentísimo señor don Pablo Morillo» (sic). De esa cantidad, más de una tercera parte debía ser repuesta a las parroquias de donde salieron las vituallas, algo que no será posible. Tampoco le importaba demasiado al alcalde accidental vigués, un acérrimo seguidor del rey Fernando VII.
«Un realista visceral (...) entre mesiánico y vesánico (...) un hombre que quedó en la memoria histórica de Galicia como el símbolo de la represión». Así lo ha descrito el profesor Xosé Ramón Barreiro Fernández, catedrático de Historia Contemporánea de Galicia en la Universidad de Santiago de Compostela.
Nazario Eguía y Sainz de Buruaga había nacido en Durango y luchado en el ejército durante la Guerra de la Independencia. Siempre se mostró partidario del poder absoluto de Fernando VII y, por ello, el rey, a lo pocos días de haber dado el golpe de Estado de 1823, le nombró comandante general de la provincia de Tui, al tiempo que también obtenía el poder político de la provincia. Desde este puesto, con sede en Vigo, asumió la presidencia del Ayuntamiento en febrero de 1824, donde permanecería hasta octubre de ese mismo año, cuando el rey lo promociona al puesto de capitán general de Galicia.
Numerosos enemigos
Su paso por Vigo está marcado por una constante represión hacia los sectores liberales de la ciudad, y vigilancia contra cualquier atisbo de libertad. Esta misma actitud fue mantenida en su nuevo cargo al frente de Galicia. Nazario de Eguía se creó numerosos enemigos tanto en Vigo como en Santiago, hasta donde desplazó la sede de la capitanía general de Galicia desde A Coruña.
El 29 de octubre de 1829, Nazario de Eguía fue víctima de un atentado con carta-bomba, quizá el primero de la historia en España. Como consecuencia de aquella acción, el militar vasco perdió su mano derecha. Aunque sin pruebas fue acusado de ejecutar aquel atentado el boticario residente en Vigo José Manuel Chao Rodríguez. La historiografía clásica apunta que el general vasco, con una mano destrozada, todavía tuvo ganas de afirmar que aún le quedaba la otra para colgar al culpable. Los historiadores del siglo XIX añaden que Nazario de Eguía pensó inmediatamente en el boticario ourensano por considerar que era la única persona capaz de fabricar un artefacto tan sofisticado.
Chao Rodríguez, padre de Eduardo Chao, fue acusado del crimen sin demasiados pruebas. No obstante, no se libró de un largo período de prisión. Chao Rodríguez tenía su botica en la esquina de la plaza de la Constitución con la calle de Sombrereros, y era uno de los lugares donde se reunían los liberales de la ciudad durante la Década Ominosa.
Nazario de Eguía se recuperó de aquel atentado, aunque perdió su mano derecha. Enterado el rey, el 13 de noviembre de ese mismo año, La Gaceta publicaba una Real Orden por la que le permitía firmar con estampilla «por haberse inutilizado en el Real servicio». Tras la coronación de Isabel II, Eguía luchó en el bando carlista y, tras el Abrazo de Vergara, fue nombrado teniente general y, posteriormente, senador vitalicio.
Las cuentas que no se pudieron rendir en la reunión de la corporación viguesa de junio de 1824 habían sido generadas casi un año antes, durante los catorce días que estuvo en la ciudad el ejército de Pablo Morillo, entre el 3 y el 17 de agosto de 1823. El héroe de la Reconquista retornaba en esta ocasión como enemigo de la ciudad y, curiosamente, respaldado por un ejército francés.
El ataque se enmarca el golpe de Estado dado por Fernando VII contra la Constitución de Cádiz. Morillo, que dirigía el ejército gubernamental, se pasó a las filas absolutistas e inició la ocupación de Galicia. Tal como ocurriera en 1809, los soldados vigueses plantaron cara a Morillo y las tropas francesas absolutistas en Pontesampaio. Aunque ofrecieron fuerte resistencia, fueron vencidos, quedando Vigo a merced de las tropas absolutistas. La ciudad fue entregada el 3 de agosto, con la condición de que Morillo impidiese desmanes por parte de las partidas absolutistas, como así ocurrió.
El Conde de Cartagena cambio el gobierno municipal y aumentó la corporación con dos nuevos regidores para adecuarlo a la nueva población.