Motor de transformación social


Muchas personas tienen, aún hoy, la idea de que las oenegés tan solo prestan una asistencia paternalista, cuando lo cierto es que desde hace mucho tiempo la inmensa mayoría de ellas viene aplicando ese viejo proverbio que dice: «Mejor que dar pescado es ofrecer una caña y enseñar a pescar». Junto a la asistencia directa, imprescindible, ciertamente, porque hay que comer, pagar el recibo de la luz o del agua, y tantas otras cosas perentorias, Caritas, Cruz Roja, Padre Rubinos y muchas otras entidades del tercer sector se esfuerzan también por denunciar las causas estructurales de la injusticia social y por crear oportunidades de empleo para las personas que están en situación de máxima vulnerabilidad y exclusión social, como las que aparecen en el reportaje que acompaña a estas reflexiones muestra.

Nunca como ahora -por razones más que evidentes- la promoción de la igualdad de oportunidades, la compensación de las desventajas y el apoyo a estas personas han sido más necesarias. Los resultados reflejan que el modo de trabajar que tienen estas entidades (con itinerarios personalizados, con acompañamiento social, con creatividad y compromiso apasionado, con implantación sobre el territorio, con escasa burocracia y máxima agilidad) es particularmente idóneo para sacar el mayor rendimiento posible a cada euro invertido. Por eso debemos reforzar la alianza entre estas entidades y las diferentes administraciones públicas, ejemplo de corresponsabilidad, de valor compartido y transparencia institucional; todo ello en aras del bien común y la defensa de la dignidad humana. Los tiempos del estatalismo ya pasaron. Un país sano y fuerte es aquel que tiene un tejido asociativo amplio, participativo y eficaz. Debemos reforzar también la alianza entre estas entidades y la ciudadanía: porque el 80 % de los españoles confía en su trabajo pero solo uno de cada diez es socio de una de ellas. Por pequeña que sea la cuota aportada, todos deberíamos hacer un esfuerzo de solidaridad; porque un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

En medio de un tiempo en el que, por desgracia, el escepticismo, el miedo y la desolación siguen adueñándose del alma de miles de personas, de familias enteras, los datos que hoy leemos en La Voz de Galicia nos dicen que hay lugar para la esperanza. Desde su experiencia diaria y desde los frutos visibles y contrastados, estas entidades anuncian que es posible abrir caminos de transformación social, y que para ello solo hace falta un horizonte abierto al cambio, que tiene su raíz en el corazón y el compromiso de cada persona.

Por José Ramón Amor Pan Profesor de Bioética

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