«Solucioné la cuestión económica, aunque mentalmente estoy arruinada»

la voz

Usted cuando llega a casa abre la nevera y coge lo que quiere. Yo llego a mi casa y en mi nevera no hay nada, ni un cartón de leche». Esta fue la frase con la que Ruth, una pontevedresa, consiguió finalmente que el responsable de una entidad bancaria se aviniese a negociar la situación de su hipoteca.

Su historia es uno de tantos dramas que ha dejado la crisis. Hasta hace siete años, Ruth tenía trabajo, como su marido y también sus dos hijos. Animados por la situación económica, se decidieron a adquirir una casa con finca, para lo que firmaron un crédito puente, por el que no pagaba la hipoteca del piso que tenía entonces hasta que lo vendiese. Sucedió que al final se vieron pagando dos hipotecas y su marido quedó en paro. Poco después, ella también. «Empezamos a tirar de tarjetas para pagar la hipoteca, a pedir dinero a la familia, porque no dábamos afrontado la situación. Entonces el banco nos llamó para una negociación, me daban dos años para vender una de las viviendas y solo iba a pagar intereses, pero la broma me salió en 40.000 euros, teniendo que pagar registro, notario...».

Ruth entró entonces en contacto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y coincidió que tuvo una oferta por la finca, pero pasaron meses, asegura, hasta que pudo hacerse efectiva. «Todos los días me pedían algo, por ejemplo, te dicen, no puedes vender si no tienes el certificado energético, que vale 500 euros. Y yo no los tenía». Ahí es donde tuvo la ayuda de la plataforma, que fue negociando con el banco, aunque la última palabra la dio ella con la sentencia que abre este testimonio.

Ahora, Ruth paga una cuota renegociada por la hipoteca de su piso y está abonando también la diferencia entre la hipoteca que tenía de su finca y lo que le ofreció el comprador, que cifra en cerca de 12.000 euros. En total, cada mes desembolsa cerca de 500 euros y le quedan muchos años por delante. Otra noticia positiva es que su marido ha encontrado trabajo. Así que, como dice, puede ir pagando cuotas, aunque reconoce que arrastra secuelas psíquicas por el desgaste personal y que con sus ingresos y los gastos que ha tenido que cubrir, entre ellos muchos recibos de luz atrasados, sigue teniendo que pedir ayuda para subsistir. «Estoy afrontando los pagos pero no me queda para comer. Gracias a mi familia, que me está dando de comer, y la PAH, que en algún momento me ha ayudado -señala-. Porque esa es otra, con lo que ganábamos mi marido y yo de paro no teníamos derecho a ayudas por parte de entidades sociales. Pero lo cierto es que si pago al banco, no me queda».

Ruth asegura que, al igual que la mayoría de los miembros de la plataforma, se encuentra a tratamiento psiquiátrico. «Yo caí, porque la negociación fue muy dura, y vives con mucho miedo», afirma. «Solucioné la cuestión económica, pero mentalmente mi vida está arruinada, aún lo sigo viendo todo negro. Esto no solo te afecta a ti, sino también a tus hijos, a toda tu familia».

A pesar de su estado, colabora con la PAH para ayudar a quienes como ella, viven estos días situaciones límite.

«Ahora estoy afrontando los pagos, pero es mi familia la que me da de comer»

«Yo caí, porque la negociación fue muy dura y vives con mucho miedo»

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