El Cineclub resiste como uno de los decanos de España

La entidad pontevedresa cumple el próximo 13 de junio los sesenta años de sus primeras proyecciones


pontevedra / la voz

Nació hace sesenta años (los cumplirá el próximo 13 de junio) como una especie de república independiente para el cine, con el objetivo de dar a conocer aquellas películas de interés cultural que se salían del ámbito comercial y promover entre los aficionados el debate y la convivencia en torno al séptimo arte. Y ese objetivo sigue estando muy presente en el seno del Cineclub Pontevedra hoy, como dice su presidenta, Ana Fernández, el más antiguo de Galicia y uno de los más veteranos que sigue en activo en España.

No es tarea fácil. De los 500 socios que llegó a tener hoy quedan algo más de setenta. Aunque en los últimos tiempos ha entrado savia nueva, jóvenes que conviven con la era digital que pone a su disposición cualquier título cinematográfico en el ordenador, pero que como dice Alejandro Mucientes, no renuncian a las sesiones en compañía. «Yo hago eso y no me pierdo ninguna sesión del cineclub -apunta-. Creo que no es incompatible ser cinéfilo en casa e ir al cineclub a debatir». «Lo que nosotros reivindicamos es la convivencia y el debate en torno al cine», agrega Fernández, que pertenece al colectivo desde 1973.

Por seis euros al mes, los socios tienen a su disposición fondos bibliográficos y de revistas que suman un millar de ejemplares y otras tantas películas que se pueden llevar de préstamo. Recientemente, el cineclub sumó doscientos filmes de un videoclub que cerró.

La situación económica tampoco es ajena a la crisis y por ello este aniversario llega sin celebración especial. «Pero esto no va a desaparecer en absoluto», afirma rotundo Alejandro. Las proyecciones del cineclub arrancaron el 13 de junio de 1954 con cuatro documentales: Farrebique o las cuatro estaciones, de Georges Rouquier; Van Gogh, de Alain Resnais; Versalles y sus fantasmas, de Jean Béranger y Balzac, de Jean Vidal, cedidos por la embajada de Francia. En sus inicios, el domicilio social se estableció en las oficinas de la Delegación Provincial de Información y Turismo, y precisamente el delegado, Julián Álvarez Villar, fue uno de los fundadores del cineclub. La autorización definitiva llegó el 18 de agosto de aquel año y la entidad no se libró a posteriori de la censura, «sobre todo a través de las cartas con Gobernación», apunta Ana.

Esta semana, el cineclub, que en el 2004 recibió uno de los premios Mestre Mateo, reanudó sus sesiones en la Casa das Campás, que se prolongarán hasta mayo. Otras citas ineludibles en su calendario son el cine en la calle durante el verano o el ciclo de cine en gallego con motivo del Día das Letras Galegas. Este año esperan organizar un taller infantil de doblaje y sesiones de cine checo.

Recientemente han estrenado perfil en Facebook. Una forma más con la que pretenden revitalizar el cineclub, al igual que la catalogación de sus fondos. «Hay gente que ni siquiera sabe que seguimos existiendo», dice Alejandro, de 25 años y socio desde los 14.

«Lo que nosotros reivindicamos es la convivencia

y el debate en torno al cine»

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