Vigo estrena la figura del alcalde de barrio en ocho zonas

Los responsables de cada una de las áreas de la ciudad estaban obligados a mejorar el «orden, sosiego y tranquilidad» desde el mes de febrero de 1813


vigo / la voz

Ocho zonas designó la corporación municipal viguesa el 16 de febrero de 1813 para nombrar a otros tantos alcaldes de barrio. No era una invención del alcalde Cristóbal María Falcón sino de Carlos III, a mediados del siglo pasado, con el objetivo de mantener el orden y prevenir alborotos, como el Motín de Esquilache. En realidad, la real orden se había emitido para ser aplicada en Madrid aunque otras ciudades españolas la fueron adoptando posteriormente.

La principal razón ofrecida en la reunión, que decidió su creación en Vigo, era «atender el mejor orden, sosiego y tranquilidad de los súbditos y subordinados por barrios interiores y exteriores de sus arrabales, el empadronamiento de sus vecinos y ponerlos a cargo y cuidado de los regidores e yndividuos» (sic). El ayuntamiento pretendía «procurar la mejor tranquilidad entre todos los habitantes».

El abogado de la Real Audiencia, que entonces ocupaba el cargo de alcalde primero, designaba, en compañía de sus regidores y procuradores síndicos, a las ocho personas que asumirían los nuevos encargos. Nicolás de Castro y Fernando Cancio se encargarían del área comprendida entre la Porta del Placer, «por la parte del naciente» hasta la última casa de la calle de la Lama (Carral) «todo dentro de murallas y su redondez» y por fuera, desde la fuente de los Fornos (Marqués de Valladares), en el Salgueiral, a la Ferbenza (actual Velázquez Moreno), dando vuelta por los confines de Santiago de Vigo hasta el Placer. Todos los barrios tenían asignado un regidor para comunicarse con los alcaldes de barrio.

Manuel Sánchez y Francisco Fernández Herrero asumirían las responsabilidades de la alcaldía de barrio en la zona comprendida entre la calle de la Lama por la cara norte hasta la casa de Manuel Llorente, en la plaza de la Constitución, y de allí hacia la «Escuela de la Piedra todo a la parte de Naciente y su redondez» en el interior de las murallas; por fuera, este barrio comprendía desde la Porta da Gamboa por la Laxe hasta «las últimas casas de don Francisco Fernández confín de Santiago de Vigo».

La tercera zona marcada como barrio comprendía un área enmarcada por la puerta del Placer «por la parte del poniente» hasta la casa de don Miguel de la Presa en la plaza de A Constitución «y desde esta, tirando por la casa de don Manuel María Pastor hasta la Puerta de la Falperra todo a la parte sur y su redondez hasta San Sebastián». Los encargados de este espacio serían José Benito Rial y José Joaquín Rodríguez.

Manuel Martínez y Bernardo San Juan asumirían el control de la parte de la ciudad que iba desde la Puerta de la Falperra «todo a la parte norte» por la casa de don Buenaventura Marcó del Pont en la plaza mayor «y desde esta tirando por la de don Francisco de Lira hasta la Piedra todo por la parte de poniente y su redondez dentro de las murallas por la Puerta de la Ribera hasta la referida de la Falperra».

La quinta zona señalada para nombrar alcaldes de barrio incluía el arrabal de la Ribera, «casas del Caramujo y camino que va por detrás de San Francisco al campo santo, vajando la plaia hasta los límites de Coia» (sic). Manuel Galán y Juan Pérez serían los vecinos elegidos para el nuevo cargo.

Desde el arrabal de la Falperra «tirando al Romil hasta los límites de San Thomé por arriba, y por avajo, el camino de Piniche hasta el de Santomé» (sic), sería controlado por Joaquín Franco y José Rial.

La penúltima zona seleccionada recogía el barrio de O Areal, comprendiendo toda la parroquia de Santiago de Vigo «hasta el Couto y confines con San Pedro de Sárdoma», siendo sus alcaldes Félix Yllas y José Lorenzo. Finalmente, Juan Darjer y Robira y Bernardo de Etezo se encargarían del espacio situado entre el barrio de Areal y los confines de Teis «y todo lo respectivo al lugar de San Lorenzo y Canadelo hasta Santa Christina».

eran otros tiempos febrero 1813

Los elegidos estaban obligados a notificar cualquier novedad que se produjera en su zona, así como «contener todo desorden». Asimismo, tenían la orden de empadronar todas las casas «con expresión de sus dueños e ynquilinos, destinos y ocupaciones que estos tengan y personas que los componen (sic)».

Los alcaldes de barrio asumían una función de policía que les llevaba a tener que rondar de noche por sus respectivas zonas «auxiliándose unos a otros con los vecinos que necesiten». Estas patrullas «celarán y harán cumplir la ley a las personas que no estén avecindadas y ocupadas legítimamente en la población para que desaparezca de ella tanto ocioso y bagamundo de que abunda». Además también tenían el deber de cerrar las tabernas a las horas establecidas por el Ayuntamiento.

Todas las tareas administrativas de los alcaldes de barrio se centraban en los martes de cada semana, en horario de diez a doce de la mañana.

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