La naturaleza saca las uñas

Los temporales dejan en evidencia que construimos donde no debemos, lo que provoca catástrofes y derrumbamientos


Para que luego digamos que el PP de Vigo no se preocupa por el medio ambiente. El miércoles presentaron una moción en el pleno manifestando su profunda preocupación por la amenaza del escarabajo picudo rojo de las palmeras, e instando a que se tomen medidas. Quizás el PP vigués debería hacerse ver su orden de prioridades, pero, fieles a nuestra vocación de servicio, le aclaramos a la concejala Cendón que las palmeras son especies alóctonas que en muchos casos se plantan sin controles fitosanitarios, por lo que tarde o temprano, como les pasa a los eucaliptos, inevitablemente llegan sus plagas asociadas.

En el caso del picudo de marras, su factor limitante era el clima, pero claro, como la temperatura aumenta, pues aquí lo tenemos. Mientras no se tomen medidas en estos dos aspectos todo serán parches. Paralelamente, que sea precisamente el partido que más ha defendido la plantación de especies exóticas y más ha negado el cambio climático quien presente la moción, tiene su gracia añadida.

El caso es que se trata de un efecto más de la alteración del clima, como los temporales cada vez más frecuentes y sus daños, de los que no tomamos nota. Todos los años, en cuanto llega un temporal, el mar y los ríos nos envían un mensaje claro: estamos construyendo muchas cosas mal y en mal sitio. Mar y ríos que se encargan de reordenar el territorio, pero la especie humana, lejos de tomar nota, persiste en sus errores, que salen además muy caros de reparar.

La arena comiéndose el paseo de Samil, sepultando el de Praia América y Patos, tirando piedras en el de Baiona y un largo etcétera son un mensaje sencillo: saquen ustedes eso de ahí. También todos los años en nuestro entorno el Lagares, el Miñor y el Tea nos recuerdan que los ríos tienen en su cauce un espacio llamado llanuras de inundación y el nombre no puede ser más claro e ilustrativo.

Problema desplazado

En esas llanuras no se deben poner obstáculos, y mucho menos casas, pero ahí las seguimos construyendo alegremente. Concretamente en Vigo, así de originales, construimos Balaídos e instalamos Citroën en plena cuenca de inundación fluvial, que por cierto eran previamente las mejores tierras agrícolas. Ni todas las canalizaciones, ni tanques de tormenta han conseguido evitar su desbordamiento, solamente desplazarlo de sitio, y ahora tenemos un bonito cuello de botella que se cierra en Sárdoma (inicio de la llanura de inundación), y se vuelve a abrir en la marisma del Lagares. Pero seguimos poniendo obstáculos en esas llanuras.

Otro estropicio se produjo en la Estación de Ciencias Mariñas de Toralla. Es un edificio bonito y teóricamente público, aunque la mayoría, esos que lo pagamos, solamente podamos verlo en fotos pues tenemos prohibido el acceso. Su estructura exterior, con grandes cristaleras, recuerda unas velas desplegadas al viento, y quizás ahí está el problema: hasta el marino más torpe sabe que en caso de temporal lo prudente es arriar las a menos que quieras quedarte sin ellas y sin barco.

A pesar de la ampliación de su escollera, el mar ya le dijo en 2011 que con ese diseño y en ese sitio el invento era un peligro, y el lunes, por si no les había quedado claro, el Atlántico le envió otro recordatorio. No descartemos que cuando llegue un ciclón serio, que llegará, tengan que ir a buscar alguna de las cubiertas a Bouzas.

La novedad de la última ciclogénesis se produjo en la carretera que une Mondariz y Covelo. Es simpático que cuando anuncian conversaciones para la fusión de ambos concellos el temporal se lleve por delante la vía que les une, pero, ironías aparte, las imágenes del lugar explicaban perfectamente el desastre: se trataba de una torrentera. Esas cuencas, también como su nombre indica, suelen estar secas o con caudal mínimo durante años, hasta que un día se lía parda y la lluvia torrencial desagua por su cauce.

Si encuentra algún obstáculo, como una carretera, pues se la lleva por delante tranquilamente. Ahora, la Diputación, que además de poner césped artificial por doquier también se dedica a estos menesteres, anuncia su reconstrucción, pero apuesten a que no se les ocurrirá aprender la lección y poner un puente y con buen espacio de luz entre pilares.

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