El renacimiento del edificio Jofre

Después de tres décadas vacío se ha acondicionado para uso residencial


ferrol / la voz

Tres décadas después, el edificio Jofre regresa a la vida. El singular y espectacular inmueble de la esquina de la calle San Diego volverá a tener inquilinos. Una exhaustiva rehabilitación que ha mantenido su valor arquitectónico exterior ha remodelado el interior para adaptarlo a los nuevos tiempos y que el inmueble que en la década de los setenta era unifamiliar se convierta en el nuevo hogar de seis familias. Con suerte, el bajo también verá renacer la actividad comercial que un día alojó en forma de casa de banca, mueblería o incluso un dispensario.

La obra de rehabilitación emprendida a principios del pasado año por su entonces propietario, Banesto, culminó hace meses, aunque los estudios y trabajos previos se remontan al 2005. Ahora es posible comprobar el resultado. Lo muestran Nicolás Castelo y Luis Cabezas, responsables de la rehabilitación a través de su estudio Chanzo Arquitectura. La primera gran diferencia, nada más entrar. Un ascensor de cristal ocupa ahora el hueco de la omnipresente escalera, que ha conservado su suelo original de pino teha, una madera muy valorada e imposible de conseguir en la actualidad. E incluso se ha colocado iluminación ornamental para destacar la impronta del tiempo en forma de imperfecciones.

La perspectiva más espectacular se obtiene desde lo más alto. La terraza perimetral ofrece vistas aéreas inéditas de Ferrol: Capitanía, el Arsenal y parte de la ría desde la calle Real. Y desde San Diego, una alargada línea visual de la calle Gravina, Dolores y Galiano hasta la plaza de España. Un espacio común al que se accede a través de una escalera de caracol que desemboca en la peculiar linterna octogonal que distingue este edificio. El suelo de madera se levanta para permitir el acceso y después se vuelve a bajar para convertirse en un punto de descanso, estancia o lectura. La dura acometida de ciclones como el Gordon y el Klaus provocó la filtración de gran cantidad de agua al interior. Una vez repuesta la cubierta de zinc, el aspecto es hoy bien distinto.

Las ventanas con galerías curvas de hierro que hacen única la fachada se han recuperado con el pintado de la estructura y el encargo de nuevas piezas de cristal hechas a mano una a una y a medida para sustituir a las dañadas. La grandiosidad se hace salón en el dúplex que ocupa la estratégica esquina superior. Es la mejor vivienda, la más cara y la única que hasta el momento ha conseguido vender Altamira, la sección inmobiliaria del Santander, el actual propietario. Su delegado en Galicia, Carlos García Colmeiro, aseguró que la obra en el histórico inmueble generó mucha expectación que ahora aguarda que se traduzca en ventas.

El edificio Jofre es obra del arquitecto Manuel Riva y de Soto y está datado hacia el año 1890. De estilo ecléctico, destaca su fachada premodernista, muy ornamentada hacia la calle Real y más austera hacia San Diego. A lo largo de su historia, tuvo usos muy distintos. Tras la Guerra Civil fue sede del Gobierno militar, y después residencia, aulario y clínica médica de un internista, en la que se montó el primer aparato de rayos X de la ciudad, según apuntaron sus rehabilitadores.

Para Nicolás Castelo, artífice junto a Luis Cabezas de la reforma que ha devuelto a una segunda vida el edificio Jofre, el fin de las obras es un momento agridulce. «Estoy muy contento, pero también un poco triste por acabarlo, después de tanto tiempo», admitió. Para él, lo más destacable del inmueble es que «está hecho todo como a medida, no hay nada estandarizado, nada común». Lo reflejan, por ejemplo, los altos techos en las viviendas y también en los locales del bajo, donde alcanzan los 5,80 metros. Y por extensión, las puertas, que también tuvieron que se encargadas con medidas especiales.

nicolás castelo arquitecto

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