«Me sacaron el bebé y me dieron 40 euros para irme», dice una madre

Una testigo de la operación, desesperada, se tiró al vacío y quedó parapléjica


lugo / la voz

Uno de los casos que figura en la operación Bebé es el de una mujer brasileña que optó por arrojarse desde una altura correspondiente a un octavo piso cuando fue consciente de que había dado en adopción a su bebé. Ahora, siete años después está parapléjica y sin un brazo en una residencia.

La madre contó lo que le sucedió durante la operación Carioca. En el entorno de los burdeles que acabaron siendo desmantelados por la policía se dieron casos de mujeres que abortaron y de otras, como esta, que prefirieron tener a sus hijos y que se encontraron con que supuestamente fueron presionadas para que los dieran en adopción.

La brasileña tiene la condición de testigo protegida. A los investigadores que trabajaron en la operación les contó su desgarradora historia. Dejó su tierra, su familia y a dos hijos y aterrizó en España en junio de 2002 en busca de un buen trabajo. Quedó atrapada en las telarañas de la redes de la prostitución.

Para empezar, contrajo una deuda 3.800 euros del billete, según su relato, con quienes por aquel entonces eran los responsables del club O Pazo, de A Fervedoira, en Lugo. Tuvo suerte porque solo llegó a pagar 1.800 porque el burdel cerró.

Desde ese momento comenzó su recorrido por diversos clubes de Galicia hasta que recaló en Lugo y acabó en el Queens. Entró tan de lleno en la vida de este burdel que incluso acudió, según su testimonio, a un cumpleaños de José Manuel García Adán, el dueño del burdel.

Fiesta en casa de un policía

La fiesta tuvo lugar en el chalé de un policía de la comisaría de Lugo y a ella, supuestamente asistieron varios agentes.

En el año 2006 se quedó embarazada. Trabajaba en un club de A Coruña, estaba en situación ilegal y decidió ir a vivir a Lugo. Primero lo hizo con una amiga y luego en un hogar de monjas de la calle Músico Falla.

«En el hogar trabajaba limpiando y tratando de conseguir algún dinero para cigarrillos. Ponía el veneno a las ratas y preparaba algunas comidas», declaró.

El 25 de junio de 2006 dio a luz a una niña en el hospital de Lugo. A los pocos días regresó con su criatura al centro de las religiosas que, según contó, le dieron ropa vieja para ella y rota para su hija.

Cuando madre e hija llevaban un mes en la residencia le plantearon dar en adopción a la niña que entregó a la Xunta porque, según contó, estaba en una situación de desamparo. Cuando se quedó sin la pequeña, las monjas la mandaron marchar, diciéndole que tenía que buscarse la vida.

«Cuando la directora se fue de vacaciones, me dio 40 euros para que me fuera a A Coruña y me marchara del centro», explicó. Tuvo que esperar una semana a que le dieran el documento de adopción de su hija en el que alguien escribió, según contó a los investigadores: «por fuerza mayor».

Cuando fue a cumplir el tramite de entrega de su hija, la acompañó una monja que, según la madre, era la que hablaba. «A mí no me dijeron absolutamente nada más que tendría que ser muy duro desprenderse de un hijo. «Yo sabía quien era el padre de mi mi hija, pero no tenía su teléfono. Era el cliente de un club. Decidí tenerla porque no quería hacer lo mismo que algunas de mis compañeras que abortaban. Yo quise tener a mi niña pero la situación me superó. Estaba en un momento de crisis. Acababa de salir de un quirófano...», relató esta madre durante las declaraciones que prestó en la operación Bebé.

Cuando en el hogar de religiosas en el que se encontraba le dijeron: «Hay que buscarse la vida, no me quedó más remedio que pensar en mi hija porque me veía realmente sin ningún tipo de salida», según su relato.

Ahora, la mujer cree que los trámites de adopción son completamente nulos y busca apoyos para tratar de recuperar a su pequeña.

Esta mujer nacida San Andrés-Sao Paulo pasó desde su llegada a España por situaciones que servirían para rodar una serie de terror. En los burdeles por los que pasó fue testigo de numerosos casos de tráfico de seres humanos, de venta de drogas, de palizas, de amenazas... Se atrevió a denunciar a algunas mafias del sector, pero nadie le hizo caso. En ocasiones, dijo, llegó a temer por su vida por lo que prefirió pasar algún tiempo al margen de los clubes. Fue ingresada en varios psiquiátricos en alguno de los cuales su historial dice que sufre manía persecutoria. Llegó a tomar más de una decena de cafés al día para estar muy despierta por si acaso alguien trataba de hacerle algo violento.

«Otras mujeres abortaban, pero yo preferí tener a mi niña pese a mi situación»

«Trabajé para las monjas haciendo limpieza y poniendo veneno a las ratas»

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