El magistrado insiste en su sorpresa por que no funcionase el sistema ERTMS


En el auto por el cual Luis Aláez ha imputado en el descarrilamiento de Angrois a la cúpula del ADIF y a cinco responsables de la seguridad de la empresa pública, el juez vuelve a criticar la falta de medidas de prevención que estima había en el tramo de alta velocidad entre Santiago y Ourense y, en particular, en la curva de A Grandeira, donde se produjo la que es la mayor tragedia ferroviaria de la historia reciente de España, con 79 muertos y 150 heridos.

Al magistrado le sorprende que el ADIF señale como «pilares básicos de la seguridad [...] el conocimiento de la línea por el maquinista y el cumplimiento de las velocidades máximas autorizadas» al tiempo que admite que el error humano, «por su alta probabilidad» -señala el auto-, debe ser muy tenido en cuenta a la hora de prevenir accidentes.

En este sentido, Aláez insiste en que el haber permitido la circulación por el tramo sin el sistema de seguridad ERTMS, que impide que el maquinista se salte una limitación de seguridad, tuvo una relación directa con la tragedia, ya que no evitó que el maquinista, Francisco José Garzón -también imputado en la causa-, se despistase y entrase en la curva a 195 kilómetros por hora cuando debió hacerlo a 80, lo que causó el fatal descarrilamiento.

El único sistema de seguridad existente en los trenes Alvia es el ASFA, que tan solo impide que se circule a más de 200 km/h, por lo que el auto afirma que «desaparece la respuesta del sistema de seguridad ante el fallo humano» y considera que los responsables del ADIF debían conocer que si el conductor del tren sufría un despiste en A Grandeira, por tratarse de una curva pronunciada, la tragedia era muy posible.

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