Las Meninas de Canido

Más de un centenar de artistas: pintores, fotógrafos, músicos, escultores... se dieron cita en lo que es ya un clásico


Arte y alegría es lo que se respiró este sábado en Canido, pues, de la mano de Eduardo Hermida de nuevo Las Meninas salieron a la calle en la que ya es su cuarta edición. Más de un centenar de artistas: pintores, fotógrafos, músicos, escultores? se dieron cita en lo que es ya un clásico, una fiesta que muchos esperábamos ansiosos por todo lo que significa y todo lo que ofrece. Pintura repartida por las fachadas y los muros de los edificios que otrora brillaban y hoy se encuentran en franca decadencia, pintura que avisa de la desaparición de una ciudad que se desintegra bajo las paredes desmoronadas, muchos hablaban de como las obras de otros años ya no estaban porque había desaparecido su sustento. La cara y la cruz de una fiesta, por un lado el toque de atención, necesario, a quién competa para evidenciar la dejadez y lograr conseguir que Canido siga en pie y mejore, y, por otro la complicidad y la colaboración de los artistas, muchos de los cuales vienen de lejos a participar para que esto pueda ser posible.

Me quedo con lo bueno, con las fantásticas obras que ahora cuelgan de los muros de Canido, obras que podemos visitar como si de una gran sala de exposiciones se tratara. Algunas son enormes como la gigantesca menina, casi tridimensional, de la pintora Gosia Trebacz que con su fondo rojo brillante hace que no pase desapercibida la casa que ahora habita. Edu Albo nos ofrece una divertida construcción de colores brillantes que recrea los exagerados volúmenes de los ropajes de la época. María Piensos opta por desnudar a la protagonista y hacerle un llamativo retrato erótico. Ito Mosquera nos trae su propia versión de la obra de Velázquez, al completo, enorme y llamativa. En el Corral de Chapón hizo su intervención Leandro: una divertida Menina cuya falda es precisamente un corral de red lleno de gallinas al que ronda el raposo, la ironía que caracteriza al pintor se hace patente, así como la alegría y optimismo le caracterizan. Suso Basterrechea pintó en la calle Manuel Arias un colosal Velázquez, al fondo una bandera tricolor republicana y en su pecho un elocuente «Non á guerra». Beatriz Seijo muy cerca de Suso y en la calle Insua nos regala una deliciosa figura de mujer danzando de un modo que parece que lo hace en el agua, una pintura llena de detalle y movimiento. Pero si bien, es cierto que la pintura es la protagonista principal en Las Meninas de Canido, no nos podemos olvidar de la fotografía y la fantástica proyección de audiovisuales que tuvo lugar al anochecer y en la que fotógrafos como el valenciano Antonio Segura León, o los ferrolanos José Pardo, Ángel Manso y César Toimil, entre otros, nos ofrecieron sus propuestas.

Como tampoco podemos olvidarnos de la música que a lo largo del día y en distintos puntos amenizaron el trabajo de los pintores, o del teatro y la danza. Un día para no perdérselo, un día para agradecer a Eduardo Hermida el esfuerzo realizado, un día en el que hasta yo pinté.

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