Un viaje por los mares legendarios del atlantismo celta

En Dingle también visitaron el puerto, con su simbólico delfín.
En Dingle también visitaron el puerto, con su simbólico delfín.

Los Fisterras suelen ser espacios solitarios situados frente a la inmensidad. Más allá están islas paradisíacas situadas al otro lado de los océanos. Son lugares que desde el principio de los tiempos ejercieron gran magnetismo. El Seminario de Estudos Comarcais de la Costa da Morte, dejándose arrastrar por el hechizo de estos vértices legendarios del atlantismo celta, ha promovido un nuevo viaje para completar sus otros recorridos por los extremos geográficos francés e inglés. Ahora le toca el turno a Irlanda. Este fin de semana, una expedición formada por más de medio centenar de personas, en su mayoría profesionales de la enseñanza, han estado en la península de Dingle, el Fisterra irlandés.

El grupo partió el jueves por la tarde del aeropuerto de Santiago con destino a Dublín, capital del país de destino. La primera visita fue a Cobh, último puerto en el que se detuvo el Titanic en su primer y último viaje, tres días antes de su fatídico final a 400 millas de Terra Nova. También estuvieron en Cork, segunda ciudad de la república irlandesa, y Killarney, donde caminaron por su parque natural, el primero que se declaró en el país. En el 2007 esta localidad recibió el título de ciudad mejor conservada de Irlanda. Los expedicionarios aprovecharon la noche para tomar la cerveza típica de estas tierras y escuchar la música en directo en sus concurridos pubs.

Y por fin el Fisterra, en un día de orballo y borrasca, que pusieron una densa cortina frente a los acantilados y el mar de la península de Dingle, como si las hadas no quisieran enseñar su guarida. En el extremo de la región de Gaeltach, en el condado de Kerry, está el cabo Garúan y enfrente, las islas Blasket, habitadas hasta 1953. En Dingle atracaban barcos españoles y franceses. Actualmente es puerto base de muchos buques que pescan en el Gran Sol. El viernes, un camionero de Verín esperaba la arribada de un pesquero para trasladar sus capturas a los mercados españoles. Por estos parajes anduvo en los años 20 Plácido Castro del Río, periodista, escritor y traductor galleguista natural de Corcubión.

Dingle también fue el mayor puerto de embarque de peregrinos para Santiago. Su iglesia, del siglo XVI, está dedicada a Santiago. En el recorrido del Seminario de Estudos Comarcais, que está comandado por su presidente, Xosé María Lema, y auxiliado por la secretaria, María Jesús Barbeira, figura Dunquin, la población más occidental de la península. Forma un escenario de amplios acantilados, ante los que en 1588 naufragaron varias embarcaciones de la Armada Española. Las tragedias del mar son comunes con el Fisterra gallego y la Costa da Morte. Esta población fue escenario en 1970 del rodaje de la película La hija de Ryan, dirigida por David Lean y protagonizada por Robert Mitchum y Sarah Miles.

Es el tercer Fisterra que visita el Seminario de Estudos Comarcais, ya que anteriormente estuvo en la Bretaña (Francia) y hace dos años en Cornualles. Es, actualmente, la única entidad de la Costa da Morte que ha organizado recorridos y análisis por estos tres espacios que otros colectivos tratan desde hace varios lustros de poner en contacto para desarrollar proyectos turísticos. En el desplazamiento, Lema Suárez se ocupa de ilustrar cumplidamente a los excursionistas con todo tipo de datos históricos, geográficos y culturales relacionados con el programa, mientras que Barbeira Pose se encarga de la intendencia.

La penúltima parada de la jornada del viernes tuvo lugar en Adare, una pequeña ciudad que en su vía principal conserva varias casas antiguas con el techo de paja. Tienen unos 200 años de antigüedad. Actualmente están convertidas casi todas en tiendas. Un enorme campo de golf, una vieja abadía gótica y las ruinas de un castillo del siglo XIV atrajeron la atención de los expedicionarios antes de realizar la bajada definitiva del día, en Limerick, donde pudieron admirar la catedral y el castillo del rey Juan, a orillas del Shannon, un relajante paseo bajo un orballo intermitente, que no amainó los deseos de los viajeros de sumergirse en las magnéticas construcciones legendarias del atlantismo celta.

gentes del finis terrae

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