«El alcalde de Zalamea» habilita el auditorio de Castrelos para los espectáculos en 1954

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

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El Orfeón Donostiarra realizó, siete años antes, la primera actuación en el parque cuando aún no tenía escenario

13 ago 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

«De la importancia que en un futuro inmediato va a tener Castrelos, por fortuna, se ha percatado un concejal, don Manuel Abal», escribía el periodista González Luengo en El Pueblo Gallego del 29 de julio de 1954. Lo contaba un día antes de que el auditorio del parque Quiñones de León acogiera por primera vez un espectáculo de pago, la representación de la obra de teatro El alcalde de Zalamea, de Lope de Vega, dirigida por José Tamayo e interpretada por Amparo Soler, Mary Carrillo, Manuel Dicenta y José Bruguera.

Sin embargo, no era el primer acontecimiento cultural abierto al público que tenía lugar en el recinto. El 23 de julio de 1947, a las siete de la tarde, en la rotonda opuesta a la entrada del parque, «casi junto al río», se situó el Orfeón Donostiarra, dirigido por el maestro Gorostidi, para ofrecer su segunda actuación en la ciudad durante aquel verano. El lugar, como escenario para espectáculos al aire libre, fue una verdadera sorpresa para los vigueses. El parque había sido donado, en 1925, al Concello de Vigo por parte de la familia Quiñones de León.

Cuando en 1954 el Ayuntamiento se decidió a ubicar los programas de los Festivales de España en Castrelos, surgieron algunas críticas al proyecto, que resaltaban la lejanía del lugar respecto al centro urbano. El periodista González Luengo anulaba las críticas, desde El Pueblo Gallego, recordando que Balaídos reunía a miles de personas y estaba muy cerca de Castrelos.

Tras la segunda edición de los Festivales de España en Castrelos, en agosto de 1955, desde El pueblo gallego se reclamaba ya la creación de un auditorio permanente. Bajo el seudónimo de Vicus, un periodista aportaba una serie de ideas, que en gran medida se cumplieron. Decía que el magnífico anfiteatro natural, «que fue destinado a localidad gratuita», debe ser transformado en graderío «hasta formar un semicírculo completo». Reclamaba la necesidad de crear un acceso de unión con el instituto Santa Irene, que luego sería la avenida de Castrelos, y la apertura de una gran puerta.

En 1958, el auditorio ya presentaba su «gigantesco» escenario y el graderío para la zona gratuita esta acabado. Se habían completado los camerinos y unas zonas de acceso a la parte de pago, cerradas por setos altos. El arquitecto municipal Bugallo Orozco fue el responsable de crear este auditorio. «No creemos pecar de exagerados si elevamos a 30.000 el número de personas que pueden entrar en el auditorio», se decía en El Pueblo Gallego, leyenda urbana que sigue repitiéndose cada vez que hay un lleno en el auditorio.

eran otros tiempos verano 1954