El último sacristán campanero de O Courel

Manuel Álvarez se encargó durante muchos años de tocar las campanas de la iglesia parroquial de Vilamor


quiroga / la voz

Durante la mayor parte de su vida, Manuel Álvarez Monteiro fue el sacristán campanero de Vilamor do Courel. No fue el primero que desempeñó tales tareas en su familia, ya que esta siempre guardó una estrecha relación con la iglesia local. Aunque hace ya bastantes años que abandonó esa labor, sigue dominando la técnica de los toques tradicionales que durante mucho tiempo regularon la vida diaria de la parroquia. Desde hace ya mucho tiempo es el único campanero tradicional que queda en la sierra. «Son o último do mundo, porque estas cousas xa non se saben en ningunha parte», dice.

Según explica Manuel Álvarez, los toques clásicos de la campana de la iglesia eran cuatro: los que llamaban a los fieles a las misas, los de difuntos, los que alertaban de los incendios y los que -según la tradición popular- servían para ahuyentar las tormentas. Estos dos últimos toques eran prácticamente iguales en el sonido y solo se diferenciaban por las circuntancias en las que se ejecutaban.

Los toques de misa se dividían a su vez en varios fases. Había los de vísperas, que recordaban que la misa sería al día siguiente. Una hora antes de los oficios religiosos, las campanas sonaban durante un buen rato. Media hora antes de la misa, volvían a tañir por espacio de unos cinco minutos. Por último -añade el campanero-, justo antes de comenzar la celebración, se tocaban «as tres badaladas, para que entrasen os que aínda estaban fóra».

Repiques fúnebres

Para Manuel Álvarez, lo más penoso de esta labor era cuando fallecía algún vecino de la parroquia y había que anunciarlo con el toque de difuntos. «Era algo que non se debía tocar nunca, porque a xente choraba», recuerda. El toque se daba en primer lugar tan pronto como se conocía la defunción, para que los vecinos rezasen un padrenuestro y rogasen por las almas. Mientras no se celebraba el sepelio, se repetía tres o cuatro veces al día. Las campanas volvían a sonar en el mismo tono cuando el cortejo fúnebre que traía el féretro ya se encontraba a la vista de la iglesia.

Las campanas de la iglesia de Vilamor aún se tocan para anunciar las misas -que ahora solo son cada dos semanas-, pero con toques sencillos de los que encargan algunos vecinos, sin la complejidad de la técnica tradicional que dominaba Manuel Álvarez.

En cambio, hace ya mucho tiempo que los repiques de campana no se utilizan para alertar a los vecinos cuando se produce un incendio en el territorio de la parroquia. «Eses toques recórdoos perfectamente de cando era rapaz, pero xa hai moito anos que se abandonaron», señala Pedro Álvarez, un nativo de Vilamor que vive habitualmente en Oviedo y a veces echa una mano para tocar las campanas cuando se encuentra en el pueblo.

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