El Gobierno quería que el avión de Madrid llegase a través de Oporto

Aquella línea no pudo concretarse entonces y hubo que esperar 32 años


vigo / la voz

Madrid, Salamanca y Oporto eran las escalas previstas para el primer avión del servicio postal que uniese la capital de España con la ciudad de Vigo. Así lo recogía el real decreto firmado por el rey Alfonso XIII el 13 de junio de 1922.

Hasta entonces, la conexión terrestre entre ambas ciudades suponía un viaje de treinta horas en ferrocarril. España estaba entonces abriéndose al transporte aéreo, y los biplanos De Havilland DH-9C, de la Compañía Española de Tráfico Aéreo (CETA), creada en 1921, realizaban ya servicios regulares entre Sevilla y Larache, en el Marruecos español.

En aquel contexto, estaba previsto que Vigo fuese la primera ciudad gallega en disponer de transporte aéreo. De hecho, la Gaceta de Madrid del 16 de mayo de 1922, publicaba una Real Orden por la que se autorizaba al empresario vigués Joaquín Dávila a explotar la línea aérea particular Madrid-Vigo, tanto para pasajeros como para mercancías. En aquel documento, se establecía que el trayecto tendría una escala obligatoria en Zamora y la posibilidad, si así lo estimaba la compañía, de realizar paradas en Medina del Campo, Xinzo de Limia y el valle del Avia. Las condiciones de la concesión no debieron de cumplirse porque esta línea particular jamás se puso en marcha.

Servicio postal

El verdadero interés del Estado era comunicar postalmente Madrid y Vigo. «El Gobierno es consciente que en aquel puerto recalan todos los vapores de la América española por donde llega el servicio postal. Es necesario mantener el prestigio español ante las repúblicas americanas, especialmente después de la firma del convenio postal hispano-americano», se decía en la Gaceta del 15 de junio, cuando se publica el decreto que establecía este servicio.

Una comisión técnica, compuesta por Correo aéreo y Aeronáutica militar, marcaba el itinerario, distinto del elaborado para Joaquín Dávila debido a las condiciones orográficas y meteorológicas de los accesos a Galicia. En las condiciones se señalaba que habría, como mínimo, un viaje cada tres semanas y que los aviones deberían disponer de 500 kilogramos de carga útil. Asimismo, cada una de las escalas del trayecto debería estar dotada con «hangares suficientes y demás dependencias técnicas y refugios de aterrizaje».

La orden abría un concurso público, con la intención de que en tres meses estuviera abierta la línea. Sin embargo, las duras condiciones del pliego, que recogía la obligatoriedad de contar con seis aviones y la disponibilidad de una fábrica de aviones o taller completo de reparaciones, provocó que no se presentase nadie.

Ni en el primero, ni en el segundo de los casos, se hablaba de construir un aeródromo donde pudiesen despegar y aterrizar los aviones.

eran otros tiempos junio de 1922

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