Carlos López Gil: «Mi abuelo quería su arte en Lugo»

La familia dará otra oportunidad a la Diputación antes de llevarse el legado de Álvaro Gil


lugo / la voz

Carlos López Gil, (Lugo, 1963), es uno de los nueve nietos de Álvaro Gil, el hombre de negocios y benefactor lucense que depositó en el Museo de Lugo gran numero de torques de oro y otras joyas de la época castrexa, así como una colección de pintura y otras piezas. Es un conjunto -conocido como el Legado de Álvaro Gil- tan valioso y simbólico para Lugo, que el museo perdería casi su esencia si estas piezas se van. Y pueden irse tras una reciente sentencia del Supremo que le reconoce a la familia que todas esas piezas fueron depositadas por Álvaro Gil (Lugo 1905-Madrid 1980), y por tanto son propiedad de la familia y el museo solo las tiene en depósito. Los herederos reclamaron hace 14 años varias exigencias ante la Diputación, que no cumplió (actualizar los contratos, asegurar las piezas y devolver la pintura que nunca se expuso) y la familia recurrió a los tribunales para exigir que se le devuelva la colección. El Tribunal Supremo les ha dado la razón y ahora la Diputación tendrá además que pagar las costas de un juicio millonario.

-¿Cómo se siente la familia después de la sentencia?

-Aunque pueda parecer un éxito y el resultado de hacer bien las cosas, realmente no teníamos ninguna duda. Y nuestra familia tiene por norma no ir a un pleito si tenemos dudas, especialmente uno de esta envergadura, que cuesta un dineral. Nunca cuestionamos las donaciones que hizo mi abuelo, que era una persona culta y con estudios universitarios, y sabía por qué hacía una donación y por qué otras veces hacía un depósito.

-Se dijo en ocasiones que era un pleito por motivos de dinero. ¿Es así?

-Yo tengo prueba por escrito de lo que se pidió a la Diputación porque registré un escrito en el año 99 diciendo lo que queríamos: un contrato moderno a nombre de los actuales herederos, unas condiciones de seguridad y conservación adecuadas, y que estuviesen expuestos los cuadros de la colección de pintores catalanes y sino que nos los devolviesen, o se los cambiábamos por otros que les interesasen más. Nunca entendimos por qué no quisieron mostrarlos, ni devolverlos, ni dar una explicación. Habríamos estado dispuestos a intercambiarlos por otros de la colección de la familia que pudieran resultar de más interés. Pero la Diputación no respondió a nada, perdió claramente el pleito en primera instancia pero insistió en recurrir hasta el Supremo, que nos vuelve a dar la razón, e impone a la Diputación todas las costas. Tendrá que pagar con fondos públicos; y dado el valor de las piezas que se pleitearon, las costas después de tanto años son muy altas; pueden superar los 600.000 euros que hemos tenido que pagar ya a nuestro abogado, mientras que la Diputación lo hizo con sus abogados. Con los documentos que en su día registramos en la Diputación, teníamos prueba de que nunca les habíamos pedido dinero, pero claro, ahora hay estos gastos judiciales que pagar.

-¿Cree que su abuelo, Álvaro Gil, hubiese hecho la cesión si supiese que esto iba a acabar en un pleito con su familia?

-No se le hubiese pasado por la imaginación que en el Museo de Lugo hubiese gente con tan poca sensibilidad como para que la colección se vaya de Lugo. Hubiese sido capaz de montar un museo particular para exponer su colección en Lugo, que es lo que a él le gustaba: que la gente la pudiese ver. Pero los tiempos han cambiado y nosotros no tenemos tal posibilidad ahora.

-¿Hay posibilidades de que el legado siga en Lugo?

-Si se va, lo que más nos gustaría a la familia es que volviera. Después de la sentencia, otras instituciones han mostrado interés, pero no hemos llegado a ningún acuerdo por ahora, por cortesía y para darle tiempo a la Diputación.

-¿No tuvieron respuesta ni contacto alguno de la Diputación después de la sentencia?

-No. Leímos en los medios que iban a hacerlo, pero no. De hecho estuve varios días por Lugo (hasta el viernes pasado) por si querían llamarme, para facilitar las cosas, pero tampoco tuve llamada alguna.

-¿Piensan que ha habido falta de voluntad o solo problemas de interpretación legal?

-Los documentos que tenemos son muy claros: certificado de depósito de todas y cada una de las piezas; firmados por la Diputación en documentos expedidos por la propia Diputación. Por tanto, no podrían decir que las piezas no eran nuestras. Pero llegaron a decir que según un reglamento interno de la Diputación, hay dos tipos de depósitos: temporales y permanentes, y como en este caso no se especificaba nada, entendía la Diputación que era permanente. Y la justicia ya dijo en primera instancia que un depósito permanente no existe, porque si no lo puedes recuperar, es una donación. Y luego rechazó también que por no estar explicitada su temporalidad, se sobreentienda que es permanente. La justicia estimó siempre que era un depósito temporal y yo creo que los abogados de la Diputación sabían lo que hacían, pero alguien les habrá dicho que lo defendiesen incluso sin posibilidades. Quizá los abogados manifestaron que el pleito se iba a eternizar, y eso le interesó a algún dirigente de la Diputación y mandó continuar. Lo consiguió porque 14 años es una eternidad, pero veremos como justifican pagar las costas ante la ciudadanía.

-¿No ha cambiado nada la sensibilidad de los actuales dirigentes de la Diputación con respecto a Cacharro?

-Con Cacharro no hubo diálogo, sino incluso algún comportamiento de escasa educación, porque lo menos que se puede hacer es recibir y escuchar a las personas. Los actuales me han recibido, tanto el presidente como el vicepresidente Bao, y han escuchado, y la diferencia es importante. Pero tampoco ha servido para nada.

-¿Estaría la familia de Álvaro Gil dispuesta a hacer la misma oferta que hace 14 años, con la única diferencia de que la Diputación paga las costas?

-Creo que no, porque estamos hablando con las mismas personas que nos han toreado tantos años. Vamos a suponer la hipótesis de que firmamos un contrato ante notario y ponemos todo bien, incluso con penalizaciones si alguna de las partes no cumple, y pasan seis meses y la Diputación sigue igual: no nos devuelve los cuadros que no expone, no contrata el seguro que les pedimos... ¿Qué opción me queda? Otro pleito. Y nosotros no podemos ir a otro pleito de 14 años, porque para entonces ya estaré jubilado. La solución ahora es más complicada. Yo ya le transmití al presidente de la Diputación que cuando hubiese dinero de por medio, como ocurre ahora con las costas del juicio, esto se complicaba. Cuando me reuní con él no había ni un euro de por medio, pero si nos metíamos en un pleito, esto iba a salir caro, y ahora hay mucho dinero gastado y una desconfianza grande. Ahora, para empezar, págueme usted las costas, devuélvame los cuadros (la colección de pintura catalana no expuesta), y luego nos ponemos a hablar. Y creo que hago lo más importante, que es estar dispuesto a ir a verles y no llevarme la colección a otra entidad pública sin escucharles a ellos. Pero el paso ahora lo tienen que dar ellos, y hacer ofertas claras, si es que quieren.

-¿Les ha desapegado de sus raíces lucenses este conflicto?

-No. Algunas declaraciones en la prensa no se las trasladé a mis padres para no disgustarlos, porque ya van mayores, pero todos seguimos viniendo a Galicia, mantenemos la casa de Lugo y todos tenemos casa en Viveiro. Hay que diferenciar Lugo de los políticos y de sus decisiones.

-¿Cómo acabará el conflicto?

-No lo sé, no tengo apenas confianza en que se pueda solucionar con las personas que hay ahora en la Diputación porque nunca han mostrando interés.

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