«Siempre tuve una visión romántica de la Guardia Civil»

Vio de cerca el lado humano del cuerpo al estar 38 años en los GEAS


ribeira / la voz

Nació en Corme y su infancia transcurrió entre las piedras y la arena de la playa. También la trayectoria profesional de Francisco Sánchez Fraga estuvo ligada al mar, puesto que de los 39 años que ejerció como guardia civil, durante 38 formó parte del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS). Ahora, está dispuesto a disfrutar de la etapa dorada de la jubilación también en un escenario marítimo, la localidad ribeirense de Corrubedo, de la que es originaria su mujer. Allí, compatibiliza ya su pasión por la investigación histórica con la nueva aventura en la que se ha embarcado, presidir la agrupación de Protección Civil de Ribeira.

Pocas son las personas que pueden presumir de haber disfrutado plenamente de su vida profesional. Sánchez Fraga pertenece a esa reducida lista: «He sido muy feliz haciendo lo que me gustaba». Primero porque su trabajo transcurrió en el entorno en el que mejor se mueve, el mar, y segundo, por su espíritu solidario. De hecho, fue durante 16 años voluntario de la Cruz Roja del Mar en A Coruña.

Francisco Sánchez califica de intensa su vida profesional. Explica que hizo un poco de todo, desde apagar incendios hasta participar en rescates submarinos, pasando por labores informativas y de seguridad ciudadana: «Los guardias civiles somos como la navaja de MacGiver, valemos para todo». Claro que, de los miles de operativos en los que participó, algunos se le quedaron grabados a fuego en la memoria. Por ejemplo, el autobús con estudiantes de Vigo que cayó al río Órbigo: «Murieron medio centenar de chavales y estuvimos allí 18 días»; o el naufragio del pesquero Gondiez: «Hubo siete ahogados y conseguimos rescatar seis cuerpos».

Explica, además, que siempre pone este suceso como ejemplo del riesgo que corren los GEAS: «Todo barco que esté hundido en el fondo del mar es un ambiente hostil por la cantidad de obstáculos que hay en la zona. Yo mismo, en el servicio del Gondiez estuve tres veces en situación de gravísimo riesgo».

Sánchez Fraga también participó en operativos menos arriesgados como las Olimpiadas de Barcelona e incluso realizó labores de control de la inmigración ilegal en Ceuta y Melilla: «Allí vives momentos muy delicados. Ves cómo alguien intenta acceder a un mundo mejor arriesgando su vida, en durísimas condiciones». Asegura que en este y otros servicios fue testigo del lado más humano del cuerpo de seguridad: «Siempre tuve una visión romántica de la Guardia Civil y pude desarrollarla en mi carrera».

Tras este viaje en una montaña rusa de emociones, cuando le llegó la hora de la jubilación, Sánchez tenía claro que «no podía quedar encerrado en un piso de A Coruña». Fue entonces cuando estableció su residencia cerca del salvaje rincón del faro de Corrubedo.

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