«La pena del "poyeya" fue no patentarlo y forrarme»

La exconcursante de Operación Triunfo actúa esta noche en Méndez Núñez como estrella principal del Orgullo LGTB


A Coruña / la voz

Aunque rehúsa el término diva pop («aún me queda mucho para merecérmelo», dice riéndose), lo cierto es que en Soraya Arnelas se encuentra uno de los pocos casos de artista nacional que encajaría en ese molde. Sí, el de esa estrella medio real, medio fantasía, siempre sexi y sofisticada, que invita a la evasión y el hedonismo. Sí, reflejándose en el espejo de Britney Spears, Kylie Minogue o Rihanna, la Soraya Arnelas del 2013 mira más allá de la Península a esas estrellas mainstream. «Estoy muy contenta de trabajar aquí, pero quiero llevar mi música más allá. Es algo necesario». Esta noche, a las 0.10, se subirá al escenario de Méndez Núñez.

-¿Le hace ilusión ser la estrella del Orgullo LGTB?

-Sí, claro. Pienso que la situación del colectivo de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales no está totalmente normalizada y, por eso, continúan siendo muy necesarios este tipo de actos. Se trata de algo bonito que va dirigido a todo el mundo, no como algo cerrado. Es una lucha que va de la mano de la música, lo cual creo que es una muy buena manera de luchar.

-Actualmente es una artista metida en la escena «dance». ¿Siempre fue su objetivo la pista de baile?

-No solo eso, pero sí que es cierto que la música que yo consumía en los noventa, cuando empezaba a salir, era el sonido spaguetti dance y el eurodance. Me identifico mucho con ese sonido y no me importa llevarlo a cabo. He sido muy fan y lo he bailado mucho. Ahora me toca ser a mí la pregonera [risas].

-Esa música se asocia al hedonismo y la evasión. ¿Quien la vaya a ver obtendrá eso?

-A mis conciertos viene un abanico de gente muy grande. Desde abuelos y papás que quieren escuchar los discos de los años ochenta hasta gente joven que busca lo más actual. Incluso niños, porque también he hecho cosas para gente pequeña, como la banda sonora de Blancanieves. Con eso, lo que digo es que son conciertos masivos y para todas las edades. Eso sí, la gente cuando acude a verme viene a bailar y a pasarlo bien, sabe perfectamente que lo mío no son las baladas. Buscan fiesta y yo se la intento dar.

-¿A quién se quería parecer de adolescente?

-Sobre todo a Whitney Houston. La imitaba constantemente. Me ponía frente al espejo y cantaba como ella con la música de fondo. Adoraba su voz.

-En su vida anterior fue azafata. ¿Nunca pensó en hacer un videoclip en un avión?

-Me gustaría [risas]. Lo he pensado muchas veces. U2 hicieron uno en un aeropuerto y me dije «¡Tengo que hacerlo!». Luego, Kate Ryan, con la que colaboré, salió de azafata de vuelo. A lo mejor llega un día. Aparecería haciendo las señalizaciones de las salidas de emergencia.

-Alguna vez habló de experiencias sexuales en aviones. ¿No se ruboriza luego cuando las ve convertidas en titulares?

-Pues sí, no te voy a decir que no [risas]. A veces no escucho lo que hablo y pasan esas cosas. Pero bueno, luego, cuando lo medito, digo: «Es verdad, forma parte de mi vida y no me arrepiento». Aunque reconozco que me gustaría ser más comedida.

-Sincérese. ¿El cachondeo del «poyeya» le hizo daño?

-Bueno, inicialmente no entendí muy bien qué querían hacer. Luego, los que estaban a mi lado me hicieron ver la parte buena: la cantidad de horas que me dedicaban en la tele. ¿Sabes? La pena del poyeya fue no patentarlo y forrarme con ello [risas].

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