Un malestar que no se apaga

El ferrocarril todavía levanta pasiones en Os Praceres 11 años después

La plaza de Os Praceres está cortada por la mitad a través de la vía del ferrocarril.
La plaza de Os Praceres está cortada por la mitad a través de la vía del ferrocarril.

pontevedra / la voz

El tren en Os Praceres no es el muro de Berlín, pero la división que las traviesas y los pasos a nivel han provocado en esta plaza pontevedresa levantan tantas pasiones entre sus vecinos como las discusiones más fuertes de la Guerra Fría entre americanos y soviéticos. Han pasado once años desde que el tren pasó por primera vez por este núcleo pontevedrés y todavía hoy las heridas que se abrieron en aquella ocasión, tan profundas como las zanjas donde se colocaron las vías, no han cicratizado.

La plaza está apartada de las carreteras principales que comunican Marín y Pontevedra, y el tren suele pasar al amanecer, camino del puerto, y al atardecer, para llevar la mercancía hacia la estación de la capital. Su actividad pasa desaparcibida para la mayoría de los morracenses, entre los que la polémica hace tiempo que ya murió.

Pero en Os Praceres los ánimos están lejos de estar calmados. El ferrocarril tiene sus detractores y sus defensores. Unos consideran que aún es posible recuperar la unidad de la plaza, imponiendo el soterramiento de la vía. Como Fomento y el Puerto no están dispuestos a hacerlo por las buenas, la plataforma lo intenta lograr por las malas. Y la Justicia, el Tribunal Supremo entre otras instancias, les ha dado la razón. El tren no puede seguir atravesando la plaza así.

Ahora Fomento apuesta por soterrar los pasos, lo que creará más pantalla aún en la plaza. Las vías serán completamente inaccesibles, pero también se reducirá el espacio público y se condenará a los vecinos a subir y bajar escaleras para recorrer apenas unos metros de distancia. Y aquí, en este punto, todos son unánimes al entender que soterrar los pasos es una barbaridad. Parecería dar la puntilla a una zona que ha perdido mucho de su encanto en los últimos cincuenta años.

Las personas mayores de Os Praceres todavía recuerdan cuando las olas casi besaban la iglesia y el cabo era uno de los lugares más hermosos de la ría, de ahí su nombre. Pero primero vino la autovía, que cortó la conexión natural con el mar. Después, Ence, que la separó del resto de la parroquia. Décadas después, una depuradora, que además se ha demostrado insuficiente para el volumen de residuos que recibe. Luego se elevó la autovía para dejar pasar al tren y por último los pasos a nivel. Para muchos de sus vecinos, Os Praceres merecía un destino mejor.

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