Los vigilantes del tiempo en la comarca 365 días al año

Un profesor de Sada y una estación en el monasterio de Sobrado recogen a diario temperaturas y pluviometría


A Coruña / La Voz

La climatología tiene un punto en común con la televisión. Al igual que las audiencias de la pequeña pantalla, las referencias del clima se obtienen con la contribución de personas anónimas. En este caso no hay audímetros, sino estaciones que registran los distintos elementos en puntos muy concretos de nuestra geografía. Y en muchos casos, requieren un papel mucho más activo que recorrer los canales con un mando a distancia en la mano. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) basa parte de sus estudios en la aportación que de forma desinteresada hacen estos colaboradores que constantemente recogen los datos en sus zonas los 365 días del año. Lunes o domingo, en invierno o de vacaciones. Siempre hay alguien que está vigilando.

El espía meteorológico en la zona de As Mariñas es Antonio Rodríguez, un profesor del colegio de Mondego, en el concello de Sada. Allí mismo se encuentra la estación de temperaturas y pluviometral, apenas dos pequeños cajetines elevados del suelo y que visita cada día pasadas las ocho y media de la mañana. ¿También los sábados y los domingos? ¿Y en el mes de julio y el de agosto, sin clases? «No hay peligro, yo vivo en una de las casas que se encuentran en el recinto escolar», explica el maestro, un apasionado de la meteorología y el clima.

Lleva diez años recogiendo datos de estos cajetines, registra las temperaturas mínimas y las máximas de las últimas 24 horas, así como el agua recogida en una pequeña cubeta. Entró en esto como ayudante de otro, del conserje del colegio. «Él siempre decía: ??Si quieres saber el tiempo que va a hacer en Sada, mira hacia Meirás??». Ahora Antonio no está solo en la recolección de datos diarios. Cuenta con la ayuda de Gabriela y Óscar, dos alumnos que un día sintieron gran curiosidad por los movimientos de este maestro entre los cajetines ubicados en una zona ajardinada del complejo educativo. Desde entonces, ella se encarga de registrar las precipitaciones y el joven de las temperaturas. Una vez al mes, Antonio envía los datos a través de Internet a la agencia estatal de A Coruña, que cada año acostumbra a visitar con algún grupo de alumnos. «A los colaboradores obviamente no nos pagan, pero de vez en cuando nos invitan a alguna cena o nos obsequian con algún detalle», dice.

Constancia diaria

Desde la sede de la propia agencia de A Coruña reconocen que Antonio es uno de los más fieles y eficaces colaboradores. «Porque si bien es una labor sencilla, exige una constancia diaria», señala José María Pascual, de la delegación coruñesa de Aemet. «En los datos que envían percibes quién se lo toma en serio y quién se relaja, especialmente los fines de semana, donde la fidelidad a la labor cada vez es más difícil -indica José María-; a veces notamos datos de precipitación que no concuerdan con lo observado en los radares y generalmente se debe a que reparten el registro de lluvia de todo el fin de semana de forma aleatoria en fragmentos de 24 horas», explica.

Uno de los lugares clásicos en el estudio del clima en Galicia se encuentra en pleno monasterio de Sobrado dos Monxes. Desde la agencia de A Coruña aseguran que los primeros datos registrados datan de 1914. La vida monástica es idónea para este tipo de actividades. «Igual que los ganaderos o agricultores, trabajos que exigen una rutina las 24 horas del día, sea Nochebuena, día de Reyes o viernes santo», indica José María Pascual.

Las nuevas tecnologías han permitido que desde el 2004 los monjes de Sobrado ya no tengan que acudir a la estación a recabar los datos. Con un sistema de telemetría, desde la central recogen directamente la información. «Solo muy de vez en cuando vemos a una chica que viene a mirar la máquina, pero nosotros ya no nos encargamos de ello», señala Pepe Bermell, un monje valenciano que lleva 23 años en el monasterio de Sobrado. Un portugués, José Luis Farinha, fue el último encargado de salir a diario a este rincón, tomando así el relevo de los monjes Luis González y Fernando Lyon.

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