James Conlon: «Plácido Domingo es el mejor jefe que se puede tener»

El director de la Ópera de Los Ángeles, que dirige esta tarde a la OSG, dice que el siglo XIX es uno de los «más extraordinarios» por su producción musical

Conlon sostiene que el siglo XIX es «uno de los más extraordinarios en la civilización occidental» por su producción musical.
Conlon sostiene que el siglo XIX es «uno de los más extraordinarios en la civilización occidental» por su producción musical.

redacción / la voz

«Hoy tenemos

a la generación mejor formada, pero sin ninguna relación con la cultura clásica»

De camino a la Scala de Milán y procedente de París, el aclamado director de la Ópera de Los Ángeles, James Conlon, ha hecho escala en A Coruña, donde hoy (20.30 horas) dirigirá a la Sinfónica de Galicia con fragmentos de Romeo y Julieta, de Berlioz, y la Sinfonía número 8, de Dvorák.

-¿Qué impresión le ha causado la Sinfónica de Galicia tras los primeros ensayos?

-Fantástica. Estoy encantado de que hayan insistido para encontrar mis únicos tres días libres entre París y Milán.

-A la vista de su repertorio, ¿se puede decir que tiene preferencia por los músicos románticos?

-No tengo un período favorito.

Es imposible. Si me piden que dirija a Mozart el resto de mi vida, sería feliz. Si me piden que dirija a Brahms, Beethoven, Stravinski o Mahler toda mi vida, sería feliz. Si me piden que dirija siempre a Wagner, daría mi brazo derecho. Pero adoro el siglo XIX y niego categóricamente la idea de que esté pasado de moda. Estoy contento de decir esto en el siglo XXI, ahora que miramos al siglo XX y vemos que parte de él está desfasado. El siglo XIX es uno de los más extraordinarios en la civilización occidental. La única concentración de genios equiparable a la que hubo en Alemania en el siglo XIX (Bach, Schumann, Mendelssohn, Wagner, Liszt) fue la de Italia en el Renacimiento.

-¿Qué haría para que las nuevas generaciones lo valoren así?

-Tocarlo y hacer que lo escuchen. El problema, y hablo por Estados Unidos, es que hemos cometido un gran error en la educación en los últimos treinta años. Cuando yo era un niño, fui a una escuela pública, no a un colegio especial, y allí todos teníamos que tocar un instrumento (yo tocaba el violín), cantar en el coro, ver un ballet y escuchar música clásica. Pero llegaron los noventa, con Reagan, y empezaron a recortar las subvenciones para las artes en las escuelas. Ahora, todo el mundo se pregunta por qué no tenemos público. Y piensan que no están haciendo la publicidad correcta, cuando el problema es lo que no se hizo en su momento. Tenemos a la generación mejor formada de nuestra historia, con grandes científicos, ingenieros y genios de Wall Street, pero no tienen ninguna relación con la cultura clásica, la música, el ballet o la literatura. La solución es la educación y si los colegios no lo hacen tendrán que hacerlo los padres o los abuelos. Hoy en día el rock hace mucha competencia y el iPhone también distrae mucho, así que hay que esforzarse.

-¿Qué tal es el trabajo con Plácido Domingo como jefe en la Ópera de Los Ángeles?

-Nunca trabajamos, es todo diversión. Lo conozco de toda la vida y hemos actuado juntos en muchas ocasiones desde la primera vez, en 1977. Cuando me invitó a ser su director en Los Ángeles me sentí muy contento y halagado. Es el mejor jefe que se puede tener.

-Es usted promotor del proyecto «Voces recuperadas», dedicado a rescatar a compositores judíos silenciados por el Holocausto. Pero también le gusta Wagner...

-No hay contradicción en ello. No es un proyecto, es una misión, una de las misiones de mi vida. He creado una página web, orelfoundation.org, para dar a conocer cuánta música queda por tocar a causa de la supresión de sus compositores. No son cinco ni cien, son miles de obras muy importantes. He descubierto que esta música puede ser un gran éxito de público. Lo difícil es que la gente venga a escucharla al ver el nombre de un autor desconocido. Con respecto a Wagner, no hay contradicción entre él y estos compositores, porque proceden de la misma fuente. Son todos alemanes. Sería maravilloso que los grandes artistas fueran también buenos seres humanos, pero no es así. Wagner fue en muchos aspectos una persona horrible. ¿Antisemita? Sí, y muchas otras cosas. Y sin embargo es uno de los más grandes genios de la civilización occidental y, dejando aparte si te gusta o no, nadie influyó en arte, literatura, poesía, teatro y música del siglo XIX en la dimensión que él lo hizo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

James Conlon: «Plácido Domingo es el mejor jefe que se puede tener»