En unos meses, él y su mujer dejarán de cobrar la ayuda familiar de 426 euros
03 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Las penurias de Mustafá Hamdoun son, a grandes rasgos, similares a las que están sufriendo miles de personas en la provincia de Lugo. Y que se agravan en el caso de los inmigrantes, que carecen del respaldo familiar con que cuentan cantidad de lucenses que afrontan una situación parecida. Tiene 52 años, lleva cerca de dos en el paro y las posibilidades de volver a encontrar un empleo en condiciones son mínimas. «Tengo experiencia, soy trabajador y serio, pero dejo los currículos en muchas partes, y nada...», lamenta el hombre, que se estableció en la ciudad amurallada hace cinco años. Llegó directamente desde Kasba-Tadla, una ciudad de unos 40.000 habitantes situada en el centro de Marruecos. «Allí trabajaba como panadero y vine a Lugo con un contrato para trabajar en una panadería. Quería mejorar mi situación», detalla.
En ese empleo estuvo cerca de tres años. Un tiempo en el que las cosas marcharon bien. Por eso decidió reagrupar a su familia: su mujer y sus tres hijos. «Pero al acabarse el contrato no me renovaron y desde entonces no he vuelto a encontrar trabajo», relata.
Sus hijos, de 18, 15 y 6 años están estudiando. El mayor cursa un ciclo formativo, la mediana está en el instituto y el pequeño en el colegio. «Este curso mis hijos todavía no tienen todos los libros; no puedo pagarlos», señala Mustafá, que cobra una ayuda de 426 euros. «Mi mujer también está cobrando la ayuda, pero se acaban dentro de unos meses y no sé lo que vamos a hacer», adelanta.
«Esperando siempre la oferta»
De los ochocientos euros que entran en su casa al mes, 253 se van en el alquiler de la vivienda. Alrededor de 90 se destinan a pagar los recibos de agua, electricidad... Mustafá sostiene que los libros de su hijo pequeño cuestan cerca de 220 euros, y los de la mediana 430. La familia recibió 350 en vales, pero conseguir los 300 euros que hay de diferencia se les está haciendo muy cuesta arriba. Con este panorama, comprar ropa es un lujo. «Estamos siempre esperando a la oferta», señala.
Además, en el mes de agosto afrontaron un gasto que es «sagrado» para los musulmanes: el Ramadán. «Es un mes en el que se gasta mucho dinero. Y después tenemos la fiesta del cordero, en la que un animal cuesta 90 euros como poco», señala el presidente de la asociación Integración, Mustafá Bertat.
«Si no hay trabajo aquí, volveremos a Marruecos», finaliza Hamdoun.